Reventado, pero pletórico

Por  16:50 h.

Demasiadas emociones como para vivirlas en tan poco tiempo con la intensidad que se merecen. El increíble pase a cuartos de final de la UEFA, la entrada definitiva de Palop en la historia del club, el sorteo que trae al Tottenham y a su más entusiasta hinchada para el Jueves Santo, todo se le agolpa al sevillismo cuando emboca la recta decisiva de una temporada en la que su equipo defiende título europeo y se agarra con fuerza al lema de “lo mejor está por llegar” en cada una de las tres competiciones de que dispone para ir haciéndolo realidad.

No eran pocos -ahora ya seguro que sí- los sevillistas que, ante la ilusionante marcha del equipo en la Liga y en la Copa del Rey, dudaban de la conveniencia de echar el resto en la vuelta de Donetsk después del decepcionante empate a dos en la ida. La necesidad de ganar o igualar a tres en Ucrania, la suma de minutos de juego para los futbolistas que más esfuerzo acumulan, la paliza del viaje, la proximidad del inmediato partido liguero con el Celta, el liderato en juego, el miniderbi del martes asomando la cabeza… Sí, había razones para defender la postura de dejar en casa a más titulares, de ir al campo del Shakhtar en esta larguísima competición no con todo y a por todas, sino a ver si sonaba la flauta con una apuesta más realista o conservadora. Pero los dos títulos europeos de los que ahora presume el Sevilla no son sólo fruto del realismo y la planificación, sino también consecuencia de haberse creído a pies juntillas un sueño que parece no haber acabado. Nadie puede asegurar que esta magnífica locura no se cobre algún peaje. Es verdad que la hazaña de Donetsk se consumó cuando más de un jugador de blanco no podía ya con su alma. Y hay que repetir esfuerzo con mucho menos tiempo de descanso del que sería aconsejable. Pero en la esencia del fútbol no cabe la renuncia a competir. Es hora de repartir protagonismo en la yerba y aprovechar que en Ucrania volvió del todo Maresca, que por fin vio puerta Chevantón. Ahí están algunos, Martí, David, que perdieron terreno y lo recuperaron a golpe de profesionalidad, sin permitirse un segundo de relajación o desánimo. Ahí están Aitor Ocio, Hinkel, Drago, Kerzhakov, Alfaro… Juande Ramos sabe cómo mezclar a sus “indiscutibles” con los demás. Puede que no haya en toda la Liga española una plantilla más exprimida. Pero lo que es seguro es que, en este momento, no la hay más pletórica.

Redacción

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