Reyes, más bien no

Por  0:58 h.

En Nervión se le quiere por su declarado sevillismo, por la alta calidad del fútbol con que deleitó a la grada del Sánchez-Pizjuán, por detalles como el de aquellas lágrimas del aeropuerto cuando se iba a Londres y por los veintitantos millones de euros que dejó en la tesorería del club.

Las copas europeas que después ha conseguido el Sevilla y la histórica temporada que ahora está haciendo el equipo se deben también en cierto modo a Reyes, como a Baptista o a Sergio Ramos, porque la marcha de estos jugadores sirvió para cambiar el desolador panorama económico del club por un saneamiento que ha tenido la mejor correspondencia imaginable en lo deportivo. Bajo el traspaso del entonces “Niño” de Utrera al Arsenal latió entonces el deseo, tanto del jugador como de los aficionados sevillistas, de verlo jugar de nuevo, algún día, con la camiseta del equipo que lo puso en el disparadero hacia la elite. Y el propio futbolista no ha podido decirlo más pronto ni más claro en una entrevista sin desperdicio de Roberto Arrocha en ABC. Reyes se vendría al Sevilla ya, ahora mismo, sin pensarlo un segundo, renunciando a ganar lo que gana en Madrid o en Londres, a donde no quiere volver bajo ningún concepto. Pero…

Sería un fichaje con muchísimas pegas. Reyes pertenece a un club que pagó por él una fortuna que sabe que no va a recuperar en modo alguno, pero el futbolista tiene contrato en vigor y tampoco lo van a regalar. El Sevilla difícilmente va a realizar fichajes con tantos ceros, porque iría contra un modelo de gestión que no hace más que dar resultados excelentes. El cartel del jugador en Nervión es de un tirón indudable, pero la realidad es que su rendimiento en estos años de ausencia de Sevilla, salvo un corto periodo de tiempo en que pareció que iba a convertirse en un ídolo de Highbury junto a Henry y compañía, ha sido decepcionante. En el Madrid no lo quieren, y con el Arsenal todo indica que lo que todavía une a ambas partes es el dinero. Futbolistas con las condiciones de Reyes salen pocos, no hay quien lo dude: esa velocidad, ese regate en carrera, ese golpeo con la zurda, esa calidad ante el portero… Pero a la hora de plantearse una operación de tal calibre hay que preguntarse también si el “Niño”, a sus veintitrés años, está firmemente decidido a volver a empezar en Sevilla. A retomar con humildad y constancia –esa virtud que tan ajena parece resultarle– el camino que condujo a que los mejores clubes del mundo se fijaran en él. Después de haber pasado por el vestuario de los galácticos y los ferraris, y conociendo su falta de “impermeables” mentales contra tales influencias, mucho me temo que este fantástico jugador está mejor donde está.

Redacción

Redacción