Ataque de entrenador

Por  14:15 h.

Algo extraño debió de ocurrirle a Manolo Jiménez para que le diese ese «ataque de entrenador» precisamente en el derbi. Si hubiera ganado de calle, cosa harto improbable con el «revolucionario» once que dispuso, todas las críticas que le llovieron nada más conocerse su arriesgada apuesta inicial se verían mitigadas en su peso argumental, pero el milagro no se produjo.

El Betis actual tiene mucha más consistencia y argumentos para poder ganar que el de la temporada pasada y Paco Chaparro sacó un once coherente en el que puso en liza a lo mejor que tiene disponible en estos momentos. No le dio para ganar, pero lo tuvo en su mano de haber tenido más tino rematador en el primer período, en el que fue claro dominador. El Sevilla que ayer salió en Heliópolis no era reconocible. Jugó todo el partido con cuatro centrales —Escudé reaparecía tras medio año sin jugar un partido completo—, reservó a sus dos temidos extremos (Navas, el mejor futbolista del equipo en este arranque de temporadas, y Capel, al que el propio técnico ha catalogado como el mejor extremo izquierdo del mundo) y le dio la oportunidad de estrenarse a Acosta, cuya única aparición como sevillista fueron los 45 minutos que jugó en San Fernando en el primer bolo veraniego. A ello únanle el hecho de que los tres fichajes realizados para recomponer la defensa en este curso se quedaban inéditos en el derbi.

Con los tres cambios se recompuso en parte la situación, pero esta vez rectificar no fue de sabios, porque tanto empeño en echarle agua al buen vino es más bien de torpes. ¿Tanto se había desgastado el equipo ante el Salzburgo para necesitar siete cambios? Esa medida hipotecó las sustituciones, parece que decididas de antemano, y sólo sirvió para empeorar la gris imagen de los tres encuentros anteriores. Claro que no aprovechar la ocasión para ganarle a un Sevilla tan desdibujado también debe ser para darse cabezazos.

Redacción

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