Del rosa al amarillo

Por  19:47 h.

La película del partido Sevilla-Denia del miércoles fue como la titulada así por Manuel Summers, y si no tuvo final negro desde el prisma sevillista de puritito milagro. Pese a que los más agoreros ya habían reparado en la coincidencia cromática de la indumentaria del rival con la que lucieron el Isla Cristina en septiembre de 1997 o más recientemente el Cádiz en enero del 2006 cuando ambos equipos amarillos eliminaron a los de Nervión en la Copa del Rey a las primeras de cambio, la noche no apuntaba a debacle después de que Luis Fabiano hiciera una nueva muesca en espectacular cuenta anotadora y de que Fazio iniciara la suya en sevillista empujando el 2-0 a la red con el pecho.

Pero quedó demostrado una vez más que este Sevilla del momento no ha cerrado aún brecha defensiva y hasta el modesto equipo costero alicantino fue capaz de hacerle tres goles pese a no prodigarse apenas en ataque. Las buenas maneras mostradas por Fazio y Mosquera, secundadas por el oficio de Dragutinovic, se esfumaron tras la jugada del 2-1, en la que quedaron retratados los tres. Peor aún fue la sensación que dejó el segundo gol visitante en una nueva jugada a balón parado que vuelve a generar psicosis en la grada y, lo que es peor, en el propio equipo. El remate de los despropósitos fue el 2-3 a falta de diez minutos para el final, lo que propició que ni el más optimista de los aficionados del "equipo de la casta y el coraje" creyera que el campeón del 2007 iba a entrar en el sorteo de octavos de final. Tuvo que ser el denostado por muchos Chevantón -recuerden también su decisivo gol en Donetsk que propició a la postre la consecución de la segunda Copa de la UEFA- el que hiciera posible la remontada con su tercer tanto, posibilidad certificada después por Kanouté tras el penalti forzado por Maresca.

Película del partido al margen, hay que congratularse de que el Sevilla siga vivo en una competición que también le llevó a la gloria en el que será por tanta cosas inolvidable 2007. Haber caído a la primera ante un rival de Segunda B hubiera dejado huella a buen seguro, máxime a cuatro días del derbi. Dicen que bien está lo que bien acaba y si se siguen pasando eliminatorias poco importará ya las fatiguitas que se pasaron ante el respondón equipo amarillo del tal Nino Lema en una fría y húmeda noche en un Sánchez-Pizjuán semivacío.

Redacción

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