Dicen que nunca se rinde…

Por  13:36 h.

Así reza en el himno del Arrebato y a ello está apelando el equipo de Jiménez en sus últimos compromisos coperos en Nervión, y con ello ha logrado seguir manteniendo viva la llama de estar en los carteles de la final de Mestalla. Épica y merecida fue su victoria frente al Valencia en la vuelta de cuartos de final, y épica y corta también fue la de anoche en la ida de semifinales ante el Athletic. La diferencia entre una y otra estribó en que en la lograda frente al conjunto de Emery sólo hubo que luchar contra el rival y las limitaciones propias, mientras que en la conseguida ante la tropa de Caparrós se tuvo que añadir la dificultad de un terreno de juego casi impracticable por la lluvia, circunstancia que favorecía el juego defensivo del conjunto vasco. El 2-1 no es un resultado cómodo para afrontar la vuelta y pocos sevillistas lo hubieran firmado antes de comenzar el pleito, pero visto cómo se pusieron las cosas con el tanto de Llorente -la gran amenaza para la vuelta- se antoja oro puro. Cuando el balón pudo correr libre de charcos por el empapado césped del Sánchez-Pizjuán se pudieron evidenciar las diferencias entre uno y otro equipo.

Redacción

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