Echarle agua al vino

Por  14:36 h.

Mientras la zozobra parece instalarse de nuevo en el otro barrio por culpa de un segundo energúmeno con desdichada puntería, el Nervión futbolístico vivió un plácido Domingo de Ramos tras ver como su equipo sacaba con más facilidad de la esperada su compromiso del Sábado de Pasión en Mestalla. Si la campaña pasada el equipo de Juande Ramos tenía a Kanouté bendecido ante el gol, este año con Jiménez es Luis Fabiano el que está viviendo un idilio perenne con las redes rivales. Ese filón le ha vuelto a poner a tiro el lograr esa anhelada cuarta plaza, único horizonte para los diez partidos que restan. Por ello resulta difícil de entender que el técnico de Arahal optara por señalar al “10” sevillista como primer hombre a sustituir frente al Valencia. Pese a los escasos recursos que mostró el equipo de Koeman la otra noche, no estaba el partido sentenciado cuando Fazio reemplazó al máximo artillero del campeonato, por lo que tampoco se podía entender el relevo como un deseo de preservar al iluminado delantero paulista pensando ya en el que se aventura trascendental encuentro frente al Atlético de Madrid del próximo sábado. Quedó claro además, por los gestos del propio Luis Fabiano sobre el campo y nada más llegar al banquillo, que no aceptó de buen grado la sustitución, como no alcanzaron a comprenderla la mayoría de aficionados sevillistas y al fútbol al general, que prefieren ver en acción siempre a los mejores y el mayor tiempo posible. Dirá Jiménez que él debe estar por encima de esos aspectos secundarios y pensar sobre todo en el bien del equipo y hacer todo lo que esté en su mano porque éste gane el mayor número de partidos, pero estas decisiones –como el resultado final acompañó el debate generado será de menor calado y recorrido- no ayudan precisamente a engrandecer su figura como entrenador. Echarle agua al vino, o gaseosa a un reserva, no es buena política. Ante el Fenerbahçe el Sevilla pagó muy caro decisiones difícilmente explicables como la de prescindir de inicio de Capel en Estambul o suplir a Luis Fabiano en Nervión cuando la eliminatoria estaba en el aire. Persistir en esa línea no es recomendable para Jiménez, ni favorable para un Sevilla que merece, por plantilla y fútbol, volver a estar la próxima campaña codeándose con los mejores clubes del continente.

Redacción

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