¡Quién te ha visto y quién te ve!

Por  20:26 h.

ESO decían algunos compañeros de la prensa onubense viendo el juego desplegado —es un decir— por el Sevilla durante la mayor parte del encuentro. Y es que quitando unos minutos de la segunda mitad, el fútbol que salió de las botas de los jugadores blancos era más que pobre e invitaba a la desesperación de los suyos, que no obstante hicieron un gran esfuerzo para no dejar de animar. Son muchos los motivos que hacen irreconocible el juego del equipo de Jiménez, no ya comparándolo con el que desarrolló las dos gloriosas campañas trufadas de títulos, o en algunas fases de la pasada —Liga de Campeones incluida—, sino incluso con el arranque de ésta. De nada sirve ya acordarse de los que no están, aunque la nostalgia sea inevitable cuando se piensa lo que tenía el equipo de Nervión en el lateral derecho —Hinkel incluido— y lo que tiene a día de hoy.

Pero lo que urge es encontrarle una solución al centro del campo. El técnico de Arahal volvió a apostar por la pareja Maresca-Romaric. Si ésta se atasca ante el Recreativo ya me dirán qué puede ocurrir si se tira de ella ante Barcelona, Villarreal, Valencia o Real Madrid, los cuatro equipos que anteceden al Sevilla en la tabla y que podían haberse escapado casi definitivamente si Kanouté no llega a acertar en el único gol del partido, o si el Recre acierta en alguna de las clarísimas oportunidades que desperdició después de que el internacional por Mali hiciese lo propio con una pena máxima. Al menos se logró poner fin a la racha de cuatro derrotas consecutivas, lo que permite coger aire en la clasificación, mantener la distancia con los perseguidores y no perderle la cara a los puestos de Champions, por mucho que las sensaciones que sigue despertando el equipo en estas dos últimas semanas no inviten a pensar en cotas tan altas. Ahora el mayor tesoro sevillista, y casi lo único a lo que aferrarse, son los veinte puntos sumados, lo que no es poco.

Redacción

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