La ansiedad de Monchi

Por  16:19 h.

El ejercicio de sinceridad que ha hecho al mediodía de hoy en público el consejero y director deportivo del Sevilla F. C. Ramón Rodríguez Verdejo tiene múltiples lecturas. Se puede pensar que sólo se trataba de un toque de atención a los medios de comunicación locales, porque se considera que el nivel de exigencia que existe en torno a la información del club de Nervión y a la marcha del equipo es excesivo, y que ello deriva en una crítica exacerbada e injusta. Pero no se debe obviar que ese nivel de exigencia viene marcado desde su llegada al cargo de presidente por el propio José María del Nido, el mismo que con sus mensajes constantes ha hecho que la propia entidad y su afición hayan pasado de la atonía que traslucía el “otro año igual”, de finales de los ochenta y primeros noventa, al ambicioso “lo mejor estar por llegar”, pregonado desde la Plaza de San Francisco después de levantar los primeros títulos del Sevilla contemporáneo.

Mantener ese listón tan alto genera una fuerte presión y una ansiedad que lleva a vivir como finales pequeñas batallas, a que la paciencia quede al margen porque se exigen resultados inmediatos en todo momento, y a que una afición, que no le volvió la cara al equipo cuando la “economía de guerra” lo presidía todo, demande ahora buen juego y no sólo resultados, porque se le ha acostumbrado a ello hace bien poco.

Todo ello quizás haya llevado también a perder la perspectiva real de lo que es el Sevilla F. C. actual. De ahí la insatisfacción que genera en una parte considerable de sus aficionados la marcha actual del equipo a pesar de estar tercero en la tabla -sólo superado en esta por los dos “supergrandes” de la Liga española-, y a las puertas de meterse en una final de la Copa del Rey. La reflexión y el ruego lanzados por Monchi también tienen que ser tenidas en consideración dentro del club y en sus medios oficiales. Ellos, no se olvide, también reflejan a diario ese alto grado de exigencia que también ha llevado al club en pocos años de la mediocridad cimentada durante décadas a codearse no sólo con los primeros de España, sino a ser conocido y considerado también internacionalmente

Redacción

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