Un segundo en entredicho

Por  13:50 h.

Tras el batacazo sufrido en la Copa de la UEFA ante una Sampdoria vulgar y el gris empate cosechado frente a un Mallorca voluntarioso, el cansino debate sobre la propuesta futbolística que ofrece el Sevilla de Jiménez se ha acentuado aún más. Mirar la tabla liguera y ver al equipo en el segundo peldaño clasificatorio invita a ver la botella más que medio llena, pero fallar con estrépito –lo es quedar cuarto en un grupo de cinco, por mucho que se ganaran la mitad de puntos en disputa- en la segunda competición continental en la que se alzó con el título en 2006 y 2007 invita a relativizar la más que estimable trayectoria en el campeonato doméstico. El parón navideño servirá para analizar las cosas más en frío, ganar en perspectiva y darle a cada cosa su debido mérito. Lo tiene y mucho ser la cabeza del pelotón de ese grupo que le mira la matrícula al indiscutible líder del campeonato, porque el Sevilla va segundo después de haberse medido a todos los grandes y porque ha logrado mantenerse en esa lucha desde el principio sobreponiéndose a una plaga de lesiones –no son excusas sino realidades que aún (Acosta, Chevantón, Koné) persisten- y al desgaste que supone tener cuestionado perennemente al entrenador por un sector significativo de la afición y de la prensa.

El grave borrón de Génova se quedará sólo en eso si en la otra competición copera que se avecina se enmienda la plana y se logra, cuanto menos, superar el escollo en octavos de final ante el Deportivo de La Coruña. El calendario liguero también invita a pensar que se puede iniciar el 2009 afianzando esa segunda plaza. El manido debate sólo puede ser acallado con el peso de los resultados. Está claro que el Sevilla del momento difícilmente va a encandilar con su juego mientras siga bajo la premisa de que el primer objetivo es mantener su portería a cero. No hay que irse dos años atrás para establecer las comparaciones. En la campaña pasada el equipo sumó más de cien goles entre todas las competiciones disputadas, algo impensable en este curso en el que ya es seguro que disputará menos partidos aunque alcance la final de la Copa del Rey. No hay que olvidar que en la mayor espectacularidad del fútbol sevillista de los últimos años el componente Daniel Alves era fundamental, por lo imprevisible de su juego, por los balones de gol que daba -¿verdad Luis Fabiano?- e incluso por los que anotaba. Verlo cada jornada destacando en el intratable Barça no ayuda a olvidarlo, como tampoco el que Mosquera, Crespo y, en menor medida Konko, ocupen el puesto que dejó vacante el de Juazeiro. Tampoco invita a pasar página en las odiosas comparaciones observar además el poco lustre deportivo que se le ha sacado de momento a los más de treinta millones de euros que dejó en las arcas del club el traspaso del singular lateral brasileño.

Redacción

Redacción