Y Kanouté vino al rescate…

Por  23:03 h.

No había comenzado bien el 2009 para el Sevilla ni para Manolo Jiménez. Dice el temperamental técnico sevillista que ambas cosas van unidas, pero son muchas voces -varias desde dentro del propio club- que abogan desde hace tiempo porque esa unión se rompa. Al término de la primera parte del encuentro del sábado en Riazor la continuidad del Arahal estaba más en entredicho que nunca, pues dos hombres clave de su plantilla, el meta Palop -que falló de forma inusual en el 1-0- y el centrocampista Maresca, dando pie a una absurda expulsión minutos después, habían puesto casi imposible que su equipo pescara algo en La Coruña. Una derrota en feudo gallego hubiera sacado al Sevilla del cuarteto de cabeza y hubiera generado una presión añadida para el choque de vuelta de la Copa, convertido en un cara a cruz tras el tanto que firmó en el Sánchez-Pizjuán Omar Bravo. Ese clima hubiera aumentado sobremanera el debate -cada vez menos debate dado hacia a dónde se decantaba la balanza entre detractores del actual entrenador y sus partidarios-, pero nada fue como auguraban los más pesimistas y el equipo cuajó una soberbia segunda parte en la que se hizo acreedor a una meritorio y épico triunfo. Para que éste llegase fue fundamental la entrada en el campo de Frederic Kanouté y también, todo hay que decirlo, el retoque táctico que llevó a cabo Jiménez al retirar a Crespo y colocar como lateral diestro a Adriano. Si otras veces se ha criticado, unas veces cargado de argumentos y otras no tanto, la falta de valentía del vigente entrenador del Sevilla hay alabar esta vez su acierto a la hora de mover las piezas ante la adversidad. Incluso el desarrollo del partido acabó dándole la razón también cuando retiró a Luis Fabiano y dio entrada a Capel, que participó en el segundo gol y anotó el tercero.

El inapelable y valiosísimo 1-3 permite que el equipo recobre la autoestima perdida tras la dolorosa derrota en Génova y los tristes empates frente a Mallorca y Osasuna. Si Madrid y Barça hicieron el domingo los deberes en Son Moix y El Sadar, lo realizado el sábado en Riazor tiene un mérito añadido por haber frenado a un Deportivo emergente que amenazaba con sumarse a la pelea por los puestos segundo, tercero y cuarto, ya que el primero sigue siendo inalcanzable mientras el Barça no baje el pistón de su juego. Ahora sólo falta no caer en la Copa para que los fantasmas de la destitución del técnico se dejen de lado hasta quién sabe cuándo.

Redacción

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