Consecuencias

Por  18:29 h.

Los éxitos siempre guardan resaca. La gloria disfrutada por el sevillismo durante los últimos años difícilmente podía tener continuidad. Acostumbrarse a lo bueno es una labor, por gustosa, sencillísima; volver a la realidad, aunque menos cruda que la que había anteriormente, reserva un amargor incómodo. El Sevilla de Jiménez no tiene nada que ver con el de Juande, por ello no hay que pedirle lo mismo. Los objetivos cambian y las ilusiones deben renovarse. Sin embargo, marcarse metas diferentes cada dos semanas tampoco es muy prudente, que se diga. Los discursos populistas y ambiciosos tienen también consecuencias. Todo entra en el debate y si el elogio es desmedido en ocasiones, la crítica es igualmente injusta en otras tantas. El Sevilla está cuarto y ese debe ser su sitio habitual. No es para sacar pañuelos, aunque aquí se ha instalado como verdad absoluta que la afición es soberana y tiene derecho a todo. El que paga lo hace por seguir a un equipo, por disfrutar de un espectáculo futbolístico, pero eso es una moneda al aire. Nadie defrauda cuando el Sevilla juega así, es el equipo que se ha confeccionado, el que se ha creado en el laboratorio.

Pero todo este sentimiento de frustración de bolsillo radica en una exigencia gestada por los éxitos de no hace tanto. Quizás cada sevillista tenga en mente este planteamiento, pero sería sano que lo aplicara también a su discurso. El Sevilla está cuarto y no merece la presión de los grandes de verdad. Hacían gracia los males del Real Madrid o Barcelona cuando estos equipos empataban en casa o señalaban como mala racha un par de tropiezos. Ahora el sevillismo ha asumido los males de aquéllos tanto como la intransigencia con los suyos. En el Almería pasó algo parecido y ya echaron a su entrenador cuando andan por puestos propios a su potencial. El fútbol demanda una revisión interna, un análisis continuo cada cinco minutos, pero hay que frenar esas consecuencias de los días de vino y rosas. La resaca no puede instalar al sevillismo en un incorformismo permamente que haga ver insuficiente la cuarta plaza cuando anteayer era segundo tras el insuperable Barcelona. Paciencia, aunque ésta esté en peligro de extinción en el fútbol.

Redacción

Redacción