No es de este mundo

Por  12:03 h.

Kanouté juega a otra cosa. A otro deporte. Verle moverse tan ágil con su 1,92 dentro y fuera del área es una delicia. Los rivales parecen niños a su lado. Lo tiene todo el malí nacido en Francia. Pasó de ser visto como un pasador, un asistente, un buen complemento para un delantero realizador a mimetizarse con las dos posiciones: igual te da un pase a lo Laudrup que marca tres goles en un partido. Kanouté es de otro mundo porque hace las cosas con tanta naturalidad que parecen fáciles. El Sevilla lo suelta ahí arriba y todo lo que pilla es peligro. Es un delantero de los que marcan época y lo está haciendo. Cuando pasen unos años quizás se valore la inmensidad que es para el Sevilla disfrutar de un jugador así, capaz de empequeñecer a otros mitos de la historia de Nervión. Las glorias vivas y en apogeo no tienen tanto pedigrí como las que se añoran, pero llegará el día en el que unos padres hablen a sus hijos de quién era Kanouté. Y a pesar del sentido de sus creencias religiosas seguro que hay más de jefazo del Tottenham, el club judío de Londres, llorando por las esquinas por ver cómo ha mutado este gigantón con pinta de buenazo que se disfraza de depredador del área cada domingo.

Kanouté ha asumido el protagonismo y ha liquidado con la misma presteza a los rivales de turno y a los debates abiertos en torno a un Sevilla que está mejorando las sensaciones de un curso que parecía eternamente discutido. Incluso el puesto de Jiménez como entrenador. La gama de recursos goleadores y la personalidad de Kanouté se han apoderado de un Sevilla en el que todo está eclipsado por la enorme figura de un jugador que prolonga su permanencia en la gloria balompédica a edades futbolísticas en las que otros van contando las mensualidades que les quedarán en su jubilación sin el balón en los pies. Kanouté es ese seguro que tiene el Sevilla para soñar con cualquier cosa, el terror de los que se tienen que situar ante él y la envidia de los que creían ser compañeros de objetivo y ahora se ven fuera del mismo. Kanouté lo sostiene todo. Va camino de merecer un monumento. Háganle un hueco por Nervión.

Redacción

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