Varios jugadores del Sevilla celebran con Nzonzi el gran gol que el francés le marcó al Arsenal (Foto: Reuters)
Varios jugadores del Sevilla celebran con Nzonzi el gran gol que el francés le marcó al Arsenal (Foto: Reuters)

Quince días para pasar del notable al sobresaliente

Todo sigue igual o mejor en el Sevilla, como vimos en Londres, en ese torneo del Arsenal que premia al que pierde, tan a la medida de Wenger
Por  13:27 h.

Cualquiera diría que a Guido Pizarro no lo han firmado por su clase sino por su físico, por lo alto que es y la calva que se gasta, por esa zancada larga y la envergadura ancha ahuyentadora de rateros de balones, por lo bien que ve el pase y lo poco que se arruga con el que pasa; y que lo han hecho ahora, en verano, porque así su tez será cada día más morocha y los colegas que estaban no echarán de menos a Nzonzi si el francés no aparece o se va, él que es un faro, porque todo lo demás sigue igual o mejor, como vimos en Londres, en ese torneo del Arsenal que premia al que pierde y castiga al que gana, tan a la medida de Wenger.

Sólo desentonó allí en la banda Berizzo, con tanto pelo y ese chandal rojo que nos ocultaba sus brazos limpios, en vez de mostrárnoslos en su tinta, repletos de símbolos y con vocación de taller de lectura, con sentencias rebeldes de grupos de rock y flores de hojas tan perennes que ni el agua de ducha las pudre; pudo desconcentrarse la gente sin verlo de aquí para allá, haciendo surco en su huerto, levantando las manos como padre neurótico o invitando a un tango al cuarto árbitro, pero quiá, los tipos sí escuchaban y seguían o seguían como si no escuchasen, que para algo por la cordobesa Cruz Alta se habla el mismo idioma que en la Casilda rosarina.

Dos semanas faltan para que llegue el día D, qué cosa esta del fútbol celebrando la batalla final antes de empezar la guerra, y Berizzo ya le da un siete a los suyos, a los que han venido y han hecho olvidar a los que se fueron, a los que regresaron a por el espíritu que guardaron en la consigna de Nervión, a los que aún faltan por llegar, a extranjeros como Kjaer o de la casa como el niño Jesús, hartito ya de deshojar la margarita que hace trampas con el «sí». Hay que alcanzar un diez ante ese rival aún sin nombre que sueña con lo mismo: una plaza en la fase de grupos de la Champions, el himno las noches de los martes y miércoles, el cielo lleno de estrellas en la bocamanga de las camisetas, la gloria en las noticias de la noche y en la media hora del desayuno de las mañanas. Quince días para pasar del notable al sobresaliente.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla