Antonio Puerta, en el marcador del Ramón Sánchez-Pizjuán (Foto: J. J. Úbeda)
Antonio Puerta, en el marcador del Ramón Sánchez-Pizjuán (Foto: J. J. Úbeda)

Antonio Puerta y el umbral de la gloria

El futbolista de Nervión le pudo decir al escritor que a él se le recordaría para siempre, con cada despertar de aquellos a quienes les late el escudo
Por  10:40 h.
Diez años ya. Sin Antonio Puerta y sin Francisco Umbral. Ambos nos dejaron el 28 de agosto de 2007. El futbolista había sufrido una crisis cardíaca sesenta horas antes, las mismas en que el escritor, vislumbrando el fin, se encomendó a Larra, su abuelo periodístico, y a González-Ruano, su padre, él que era ateo gracias a Dios y lo buscaba en sus rondas por las iglesias. Si Paco llega a saber que en el bus hacia la Gloria iba a tener de compañero de asiento a Antonio, seguro que lo habría nombrado en el artículo en que, seis meses después del celebérrimo gol al Schalke 04 del vecino de Nervión, se refirió a aquel Sevilla emergente, ganador de su primera Copa de la UEFA, que marcaba tendencia, además de goles, hasta en el aspecto alimenticio. “El Sevilla, que debe tener unos linces en ese palco, ha decidido esta temporada repartir bocadillos y purés entre el equipo, para que el delantero esté agresivo y el portero esté en plan muralla”, escribía el madrileño de las papillas del doctor Escribano, y le habría aconsejado al zocato para terminar de consagrarse “una inyección de bocata”, el suplemento perfecto para quien corría por la banda con aires y flacura de Quijote. Umbral, que echaba de menos aquellos tiempos en que los futbolistas “eran unos señores guapos y se les podía llevar al fútbol, al partido me refiero, y a los bares elegantes”, le habría regalado a su compañero de viaje a la eternidad una palabras a la altura de su gesta, la de cambiarle la vida a miles de personas que hasta entonces, un año tras otro, iban de casa al estadio, del estadio a casa, sin un mal tercer tiempo en el que celebrar algo. Antonio lo sabía y le pudo decir a Francisco que suscribía aquel “estoy más allá del miedo a la muerte” con que el ensayista enfatizó su estado de ánimo tras una operación fea, porque no dudaba de la importancia de aquel gol al alemán ni de que a él se le recordaría para siempre, no sólo en los minutos 16 de todos los partidos en todos los estadios, sino con cada despertar de aquellos a quienes les late el escudo. Hoy, diez años más tarde de tan triste viaje, los recordamos con alegría a los dos. O sea.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla