Berizzo da instrucciones durante el partido ante el Liverpool (Foto: AFP)
Berizzo da instrucciones durante el partido ante el Liverpool (Foto: AFP)

Berizzo fue dimitiendo hasta que lo echaron

El argentino dio argumentos al consejo para su destitución al aceptar la debilidad del grupo, la baja forma de los jugadores y la necesidad de refuerzos
Por  9:14 h.

EL miércoles a las ocho de la tarde, en las entrañas del estadio de Anoeta, Eduardo Berizzo dejó de ser entrenador del Sevilla, sólo que no lo sabía. Lo firmó él mismo al darle la alineación a Juan Martagón para que se la facilitase al árbitro. Alguien que, a la vista de lo acontecido en las dieciséis jornadas anteriores, coloca a lo más lento del plantel sobre el terreno de juego para hacer frente a una Real con el único aval de su casta, está despidiéndose del banquillo. El argentino perdió el oremus y en las alturas se convencieron de que no sólo no tenía soluciones para lo que él solo o en compañía de otros había perpetrado, sino que en su desvarío iba echando gasolina a la hoguera.
Por si fuera poco, durante la última semana, Berizzo había ido dando argumentos al Consejo para su destitución. Primero reconociendo como el equipo se venía abajo por cualquier detalle en el transcurso de los partidos; luego, admitiendo que a estas alturas de la temporada no había un solo jugador en la plantilla en su mejor forma, algo en verdad sorprendente, y finalmente, flagelándose él mismo y a Óscar Arias por la planificación, al confesar que en el mercado de invierno harían falta varias incorporaciones de nivel. Si lo poco que le unía a los mandatarios era la defensa del director deportivo, cuyo trabajo merece análisis aparte, el ponerlo a los pies de los caballos no hizo sino desprotegerlo aún más.

No fue tampoco ajeno al paulatino deterioro de su rol el conflicto con Nzonzi. La indisciplina del francés tras el partido contra el Liverpool merecía un castigo severo, pero siendo el centrocampista el jugador franquicia del club, la anteposición del orgullo profesional a los intereses del equipo y de la entidad terminó volviéndose en su contra. Defenestrándole para los restos perjudicó al equipo, desplomó el caché del futbolista y no logró desperezar a una plantilla merecedora de estar patrocinada por una marca de horchata.

Toca ahora acertar con el nuevo entrenador, con las salidas del plantel y con las incorporaciones. Manden arreglar la bola de cristal del responsable de afrontarlo, porque haría falta conocer el futuro para arreglar tan complicado presente.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla