Steven Nzonzi, en un entrenamiento
Steven Nzonzi, en un entrenamiento

“Castigue usted al jugador, pero no al equipo”

Ramón Sánchez-Pizjuán dio una lección de pragmatismo hace casi setenta años con un caso de indisciplina similar al de N’Zonzi en la actualidad
Por  9:56 h.

Corría finales de los años 40 y el Sevilla, presidido por Ramón Sánchez-Pizjuán y con Patricio Caicedo en el banquillo, tenía ante sí un partido importante. La víspera, el técnico se disfrazó de detective y anduvo fisgoneando por el hotel de concentración en Oromana. A la mañana siguiente, en el club se supo que en la alineación que horas después saltaría al campo no estaría el portero titular. Extrañado, el máximo mandatario habló con el técnico, quien le confesó haber castigado al arquero al haberlo sorprendido fumando el día anterior. La reacción de don Ramón fue un ejemplo de pragmatismo: “Patricio, castigue usted al jugador, pero no al equipo”.

La anécdota, servida con nombres gracias a la buena memoria de mi buen colega Manolo Rodríguez, podría tener su remake ahora. Cambien al guardameta (¿Manuel Torres “Manolín”?) por N’Zonzi, a Caicedo por Berizzo (mucha fuerza, míster) y a Sánchez-Pizjuán por Pepe Castro y tendrán un caso parecido, sólo que al francés no lo cogieron con unos celtas cortos con estacas entre los labios sino ausente en el banquillo del segundo tiempo frente al Liverpool y del entrenamiento posterior al
encuentro contra el Villarreal.

Berizzo, que le hizo la cruz a Orellana cuando este le faltó al respeto en Vigo, debe valorar que N’Zonzi es un activo importante del Sevilla, en lo económico y en lo deportivo, y que una rabieta como la del galo no puede suponer ni un debilitamiento del equipo ni el desplome de su valoración en el mercado. Castíguesele de forma que le duela (adivinen dónde), pero salvaguárdense los intereses del club.

La actitud del centrocampista hace pensar en un brote de enajenación transitorio más que en una calculada reivindicación de su ego. Recién llamado por vez primera para la selección francesa y con posibilidades ciertas de acudir al Mundial, ponerse en rebeldía es de una insensatez extraordinaria, más conociendo al jefe, Didier Deschamps que, ¿verdad, Benzema?, no tiene un pase para estas cosas. Urge que el mediocentro eche el balón abajo, pida disculpas y se labre su futuro, no su ruina.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla