Nolito y Escudero saludan a los aficionados del Sevilla tras el partido contra el Bayern (Foto: AFP)
Nolito y Escudero saludan a los aficionados del Sevilla tras el partido contra el Bayern (Foto: AFP)

Colorín colorado, que te quiten lo bailado, Sevilla

Remontar el marcador y clasificarse parecía una tarea hercúlea, pero conforme pasaban los minutos y el equipo tuteaba a su rival, se veía menos utópica
Por  11:27 h.

EL tren de lujo que ha llevado esta temporada al Sevilla a Estambul, Liverpool, Maribor, Moscú y Manchester dio ayer por terminado su periplo en la München Hauptbahnhof, en el barrio de Ludwigsvorstadt-Isarvorstadt (pronúnciese todo seguido). El sueño de los viajeros era que la estación muniquesa fuera sólo de tránsito y que tras una breve parada la locomotora hubiera seguido hasta la Stazione Termini de Roma, que aparte de ser el lugar en el que convergen todos los caminos desde antes de Cristo, es también hogar de un semifinalista de la Champions. Ver a Ramón Rodríguez Verdejo enfrentado a Monchi (muñidor del equipo que eliminó al Barça y copartícipe, si no más, del Sevilla actual) habría sido impagable.

Si de la estación salió el aficionado sevillista con la sensación de haber llegado más lejos de lo que su potencial pronosticaba, del Allianz Arena lo hizo el equipo con la cabeza alta y el gol bajo, como toda la temporada. Remontar el marcador y clasificarse parecía una tarea hercúlea, pero conforme pasaban los minutos y el equipo tuteaba a su rival, se veía menos utópica. Faltó en ese primer tiempo mayor asunción de riesgo, menos miedo al contragolpe alemán y cómo no acierto ante el gol. En la segunda parte sólo sobraría un trozo de madera en el remate al larguero de Correa, porque el equipo se dio por satisfecho con salir del espectacular estadio muniqués con golpecitos en la espalda por lo bien que compitió ante un grande de Europa.

De los cuartos de Champions el Sevilla ha sacado un par conclusiones: que tiene un equipo para pelear con cualquiera, pero no para doblegarlo sin sufrir, y que a su rival en la final de la Copa, el Barcelona, se le puede abordar con un ataque pirata como el de la Roma. Vayan encargando los garfios para el partido de farolillos en el Wanda. Les queda a los de Montella reconducir su trayectoria en la Liga, ese agujero negro que amenaza con tragarse una temporada histórica. El cansancio de jugar cada tres días ya no va a ser una excusa, ni siquiera dentro de cuarenta y ocho horas en que recibe al Villarreal.
Europa es ya historia, aunque a repetir. Colorín colorado, que te quiten lo bailado, Sevilla.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla