Daniel Bergara, “in memoriam”

Por  0:29 h.

Ha muerto Daniel Bergara. Para aquéllos que no llevan más de treinta años acudiendo al Sánchez-Pizjuán el nombre les dirá poca cosa. Tan poca que muchos se sorprenderán si decimos que, sin ser mito ni leyenda del sevillismo, pocos jugadores han visto coreado su nombre con la fuerza e insistencia que lo hacía la grada para pedir que saltara al campo cuando las cosas se ponían feas, que eran en su tiempo casi siempre, porque, oportunista, tenía amistad con el gol. Daniel Bergara, que ha muerto en Inglaterra a los 64 años, simbolizaba para la afición blanca la esperanza, el último clavo al que asirse cuando las llamas del fuego alcanzaban hasta el marcador simultáneo Dardo.

Había llegado, procedente de Mallorca, a finales de los años 60, y aunque la web del club lo recordaba ayer como un fino estilista, al articulista se le viene a la mente potente, con más fuerza que técnica, algo indolente, pero dueño de un dribling largo que le servía para preparar su disparo, descomunal en potencia.

El nombre de Bergara pasará indisolublemente ligado a la historia de la entidad por un gol bellísimo que marcó en Nervión al Athletic de Bilbao el 29 de noviembre de 1970. El Sevilla era entrenado por Max Merkel –aquella temporada 70-71 acabaría séptimo- y Bergara se alineó desde el principio del encuentro, algo inusual porque era, sin remedio, un hombre revulsivo. Se había adelantado el Athletic con un gol de penalti transformado por Uriarte, cuando a los 35 minutos el árbitro, el aragonés Camacho, pitó un córner contra el cuadro rojiblanco. Gol Sur. Esquina izquierda. Bergara bota el córner, la defensa bilbaína lo despeja y el balón vuelve al uruguayo, pegado a la línea de fondo. Desde fuera del área, tal como le llega, Bergara engancha una volea que lleva el balón a la escuadra del segundo palo de la meta defendida por un Iríbar “enyesado” de la cabeza a los pies. Y el Chopo se iba arriba del 1.90. El clamor de la grada se convertiría en inenarrable ya en la segunda parte cuando con el marcador con empate a dos, Bergara, de nuevo, esta vez de disparo raso desde dentro del área, dio el triunfo al Sevilla. Sus propios compañeros lo sacaron a hombros del césped.

Sería hermoso que la televisión del club pudiera rescatar algún partido de aquella época en la que el uruguayo hubiera tenido protagonismo. Las nuevas generaciones de sevillistas necesitan conocer a quienes constituyeron en su día las señas de identidad del club, los que dejaron honda su huella.

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Redacción

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