Debate apresurado

Por  23:17 h.

Parece haberse instalado ya en el sevillismo el debate sobre si Manuel Jiménez tiene cuajo o no para ser entrenador del primer equipo. Amén de los resultados en la Liga, ha ayudado a ello el peligroso deslizamiento del equipo hacia una forma de jugar que parecía ya superada, pues desde los inicios de Juande en el banquilo, cuando el manchego no lograba que desde la defensa se saliese con el balón controlado, el equipo no pegaba pelotazos de la forma que lo hace ahora. Está claro que carece de la defensa titular de antaño, hecha al sistema, y que falta experiencia en hombres como Fazio, pero resulta difícil de aceptar que el equipo recurra al bombeo sistemático de balones si desde la dirección técnica se ha prohibido expresamente el recurso.

Esta duda nos llevaría a otra cuestión. ¿Confía el plantel ciegamente en Jiménez?. Resulta evidente que una plantilla como la sevillista, cuajada de internacionales, no es fácil de manejar. Hay muchos egos de por medio. Jugadores con fichas por aquí astronómicas que necesitan referencias con pedigree en la banda para rendir a su nivel. Juande supo manejarlos bien, dándole cancha a todos -rotar por rotar sí vale si lo que se busca es el compromiso de la plantilla al completo-, mientras que con el de Arahal se acertaban todas las alineaciones, al menos hasta anteayer, pues salvo baja por lesión confió sólo en unos pocos. La consecuencia es el descontento de los que no juegan por un lado, su falta de rodaje cuando se les necesita, por otro, y la falta de frescura y el aburguesamiento de los que juegan siempre.

Uno cree, pese a todo, que el debate se presenta apresurado. Falta la perspectiva que nos da el tiempo, ese enemigo del fútbol. Pasó con Juande, al que se le aguantó un comienzo descorazonador -además, sin los desgraciados avatares que han marcado al club en esta campaña-, con los resultados ya apreciados, incluida su rastrera huida, facilitada por el prestigio conseguido. En estos momentos de indefinición, Jiménez necesita sentirse respaldado. Dentro y fuera del club. Pero, al mismo tiempo, debe de saber que las excusas en fútbol son el celofán de las destituciones y que se le eligió para que resolviera los problemas no para quejarse de lo complicado del sudoku. Porque ya sabía lo que había. Y no todo marcado por el gafe. Por ejemplo, un equipo cinco veces campeón. No se olvide.

Redacción

Redacción