Dejan de ser humildes y se vuelven escépticos

Por  10:06 h.

Cuando le preguntaron a Rodríguez Zapatero por el coste de un café y éste hizo valoración de achicoria de la postguerra, los articulistas aprovecharon la ocasión para zurrarle fuerte y regular al inquilino de la Moncloa por su alejamiento de la calle, que no hay barra de bar que reconozca el codo del leonés desde que éste levitó hasta el poder. Recordé la anécdota leyendo días atrás en distintos foros las opiniones de aficionados sevillistas acerca de las incorporaciones que estaba realizando el club de Nervión. No era generalizado, pero sí abundaban quienes se mostraban escépticos al conocerse los nombres de De Sanctis, De Mul, Keita, Boulahrouz, que debían sonarles a los Mario Cotelo, Alfonso, Antonio López de los tiempos en los que el sevillismo bebía agua del grifo y no las bebidas isotónicas de los campeones. Esta gente está fuera de la realidad.

No porque De Sanctis, De Mul o Keita sean nombres galácticos de común conocimiento de los aficionados -por cierto, ¿alguien conocía a otro Pepe que no fuera el portero de su bloque antes de que el Real Madrid pagara treinta millones de euros por el moreno portugués?-, sino porque vienen avalados por aquellos (y me refiero al grupo y no sólo a quien manda en él, Monchi) que con sus decisiones han conformado la plantilla actual del Sevilla, una de las más competitivas del panorama europeo.¿Quién era el guapo que podía hablarnos de Daniel Alves, Adriano, Escudé, Dragutinovic o Kanouté, por poner nada más que unos cuantos ejemplos, cuando fueron fichados?. El rendimiento de un futbolista, por buenas que sean sus referencias, es siempre una incógnita porque en el fútbol influyen muchos factores, pero si yo fuera inversionista no dudaría en poner mi pasta en manos de gente como Monchi&Cia que domina la esotérica ciencia de la alquimia futbolística, aquella que transforma el metal desconocido en el noble con que se forjan las copas de los campeones (y van cuatro, dos repes).

Pero es comprensible lo que está ocurriendo. Tanto fervor pone el presidente en que el sevillismo deje de ser humilde y tan contundentemente le recuerda en la cartera que ya no lo es, que los aficionados lo que esperaban este año era un manojo de Pepes, Militos y Forlanes. Y no se dan cuenta de que esos no llegan al Sevilla sino que en todo caso se van cuando multiplican al menos por cinco su valor. Si es que hay un par de Abramovich para llevárselos…

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Redacción

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