Del Nido Carrasco y José Castro, en la ciudad deportiva
Del Nido Carrasco y José Castro, en la ciudad deportiva

Del caso Vitolo al síndrome del portero lesionado

La dimisión de Del Nido Carrasco va a marcar un antes y un después, porque se intuye que los opositores se verán abocados a un papel testimonial
Por  13:54 h.

No podía ser de otro modo. Había quedada dañada la dignidad del club y la palabra del presidente. Sólo cabía la dimisión de este por su ingenuo anuncio de la renovación de Vitolo o la demanda contra personajes, personajillos y entidades que le llevaron al error y perjudicaron de gravedad a la entidad de Nervión. Vitolo, además de con el Las Palmas y con el Atlético, podría visitar Sevilla la próxima temporada para jugar también en el juzgado. Y con él los que alentaron y coadyuvaron a su indigno proceder.

El consejo de ayer, cuarto convocado y primero celebrado, negó también la reincorporación del Del Nido Carrasco, que con buen criterio decidió no presentarse a la reunión. Su dimisión va a marcar un antes y después en la sociedad, porque a la frágil, y por qué no decirlo, hipócrita armonía existente, va a sucederle el orillamiento de los opositores, abocados, o eso se intuye, a un papel testimonial.

Nadie puede negar, ni siquiera el más ciego de sus enemigos, que el Sevilla del siglo XXI es obra de José María del Nido Benavente; coger un club en la bancarrota y colocarlo en la élite del fútbol europeo está al alcance de muy pocos. Eso lo sitúa ya para siempre en un lugar privilegiado de la historia de la entidad, por mucho que con su proceder en Marbella, en trance de reparación absoluta con la sociedad, decepcionara a quienes creían en él. Pero fue la persona la que perdió prestigio, no el gestor futbolístico. Ahora, con su acoso sin derribo a Pepe Castro, Del Nido Benavente está socavando también esa imagen. Sufre lo que podíamos llamar el «síndrome del portero lesionado», aquel al que un golpe o desgarro desbanca de la titularidad y que al recuperarse se cree con derecho a recuperar la portería, sin atender a que no es justo mandar al banquillo a quien lo sustituyó y lo hace, al menos, igual de bien que él.

No se merece el ex presidente acabar así; ni su hijo, Del Nido Carrasco, arrojado al descrédito público por una estrategia equivocada y, sobre todo, no se merece el Sevilla el espectáculo de intrigas palaciegas, payasos correveidiles y pendencias varias contemplado estos días. Se impone una profunda reflexión de todos, se impone su sevillismo.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla