El consejo de administración, en la junta de accionistas del Sevilla (Foto: J. Spínola)
El consejo de administración, en la junta de accionistas del Sevilla (Foto: J. Spínola)

El dinero, en el campo y en los accionistas

"A partir de ahora, el dinero, mucho, va a estar en el campo y, algo, en el bolsillo de quienes apostaron por el club cuando nadie daba un duro por él"
Por  12:12 h.

El Sevilla va a pagar dividendos a sus accionistas y a compensar económicamente a los miembros de su Consejo de Administración por el tiempo y conocimientos profesionales que ponen a disposición del club. Mejor dicho, de una Sociedad Anónima Deportiva que en el 92 valía menos de cinco millones de euros y que 25 años después está valorada en 300 millones, chino más, árabe menos. Lo que en otras circunstancias, conociendo al aficionado al fútbol sevillano, hubiera cristalizado en gran escándalo con múltiples referencias al sentimiento y al amor al arte, e insultos más a la izquierda que a derecha del palco, se ha acogido con normalidad.

Desaprovechó una buena oportunidad el Consejo el pasado verano para, al tiempo que maduraba la decisión, alfombrar su anuncio con caramelos para los socios. Se había ido Monchi gratis total, se iba a ir Vitolo cachondeo absoluto y entre otros muchos millones gastados en fichajes se había batido el récord de inversión con el colombiano Muriel. Había dinero de sobra, tanto que la desigual, y en algún caso indignante, subida en el precio de los abonos se antojó un agravio gratuito. A buen seguro que para el próximo mes de julio, consumado el pago a accionistas y consejeros, se hará un guiño al bolsillo de la infantería.

Repartiendo parte de los beneficios, el club pone en valor las acciones, compensa a quienes tienen cantidades importantes inmovilizadas, favorece la estabilidad accionarial, hace innecesaria la facturación de trabajos profesionales por los consejeros y alienta en ellos, como en la empresa privada, la consecución de objetivos más ambiciosos. No creo, sin embargo, que el pago de dividendos vaya a disuadir a algún paquete, dicho sin segundas, de cambiar de manos. Son tan discretas las cantidades que se barajan comparadas con la morterá que supondría su venta que sería una ingenuidad ver en el acuerdo del Consejo un freno a los pensamientos impuros.
A partir de ahora, el dinero, mucho, va a estar en el campo y, algo, en el bolsillo de quienes apostaron por el club cuando nadie daba un duro por él y le dedicaron su tiempo para lograr que del «otro año igual» se haya pasado a «otro año mejor».

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla