Fútbol en el Bernabéu

Por  16:46 h.

El babeo general que con la excusa del 25 aniversario de la Quinta del Buitre se ha instalado esta semana pasada en Madrid dejó al Sevilla chorreando. Resulta que la televisión de pago, para homenajear al cuadro del Bernabéu, eligió el partido Real Madrid-Sevilla de la temporada 1990-91, en el que a los desaplicados chicos de Vicente Cantatore les metieron siete chícharos, siete, que con menos si son de la Granja se hace una fabada para un regimiento. Butragueño, que ese día marcó el segundo gol, compareció ante las cámaras con su sonrisa oblicua y sus hombreras casposas, recordando como el desvirgue de porteros le servía para superar sus complejos.

Yo no sé si aquel partido traumatizó a Manolo Jiménez, que jugó en el lateral izquierdo, pero ayer perdió una ocasión memorable para devolverle al Madrid la media docena más uno de aquella tarde. Se quedó en cuatro, que es mucho, sobre todo si va acompañado de la victoria, pero a años luz de lo que pudo caerle al Real Madrid si en la segunda parte el cuadro sevillista no se echa atrás y reclama a voces la épica del cuadro merengue.

Esperemos que el de Arahal haya aprendido definitivamente la lección. Con fútbol le metió tres en el primer tiempo a los madridistas y con una jugada, la única decente del segundo, le ganó el partido. Fútbol, fútbol y fútbol. Paredes, triangulaciones, desmarques, remate, el bellísimo juego del balompié. ¡Que no es tan difícil, hombre! Y si se lo parece a los jugadores, múltelos, pero dígales que los pasos atrás lo dan los cobardes y que para colgarse del larguero llena de monos la alineación, que lo harán mejor.

El conjunto sevillano durmió ayer tercero y sin pesadillas con González Vázquez. El gallego perdonó tarjetas a los locales y un penalti a los visitantes. En Madrid lo culparán hoy de la derrota, pero no se dejen engañar: al Real lo derrotó el fútbol. Bendito fútbol.

Redacción

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