Vincenzo Montella
Vincenzo Montella

El italiano cuando besa, besa en plata

"Mañana, frente al Cádiz, y setenta y dos horas después en el derbi, empezaremos a conocer al nuevo entrenador en lo profesional"
Por  14:00 h.

Lo primero que hizo Vincenzo Montella en su paseo iniciático por el Ramón Sánchez-Pizjuán fue besar uno de los trofeos de la Liga Europea conquistados por el Sevilla. Tuvo donde elegir. Como cerró los ojos al hacerlo, algo que los científicos explican por la incapacidad del cerebro de concentrarse de manera óptima cuando actúan tacto y vista al mismo tiempo, no sabemos cuál besó, si uno de los de Juande o cualquiera de los de Emery, al que comparan hasta que se empieza a hablar del sentido del gusto. De haber posado los labios en el escudo, todo el mundo lo habría llamado hipócrita, con razón, pero como lo que besó fue plata, habrá que considerarlo un signo de ambición. O de hambre, él que de títulos anda más bien cortito. No sería mala señal. Resultó especialmente deslucido ver al equipo entrenando a la vuelta de las minivacaciones navideñas de la mano de Luis Tevenet, casi con el agravante añadido de la nocturnidad, como también al día siguiente haciendo ronditos con Enzo Maresca, que viene de Erasmus a Sevilla con «Il Capo» para hacer un curso de postgrado. Dos días de preparación desperdiciados cuando el equipo compite ya mañana en el Carranza y repite el sábado, nada menos que en el derbi. Para tener previsto el relevo de Berizzo no se anduvo especialmente diligente.

Uno de los primeros problemas a solucionar por Montella es Nzonzi, un caso. El sábado vieron al italiano hablando largo con el francés, acaso para comprobar si empieza a razonar de nuevo en inglés o sigue pensando en español. Por el centrocampista hay muchos clubes interesados pero nadie enseña la patita bajo la puerta con el dinero, asegura Pepe Castro, y me da que el nuevo técnico quiere llegar con él a un pacto amistoso: yo avalo tu marcha si te empeñas, pero me echas una mano el sábado frente al Betis, en que no puedo contar con Pizarro. No entrecomillemos, pero sería razonable el quo pro quo a lo Hannibal Lecter. Mañana, frente al Cádiz, y setenta y dos horas después en el derbi, empezaremos a conocer al nuevo entrenador en lo profesional. En lo personal, habrá que esperar a que pase por el confesionario televisivo de Roberto Arrocha, ahora goleando con su «A Balón Parado» en las librerías.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla