Muriel celebra el 2-0 ante el Barcelona (Foto: Reuters).
Muriel celebra el 2-0 ante el Barcelona (Foto: Reuters).

La final de Copa, entre la falta de gol y el golpismo

En el Ramón Sánchez-Pizjuán se demostró hace poco que el Barcelona no es invencible y en la Champions, la Roma de Monchi lo puso mirando para Pompeya



Por  9:33 h.

Debería ser sólo un partido de fútbol, un gran partido, pero la delirante proclama del presidente del Barcelona, José María Bartomeu, ha convertido la final de la Copa del Rey no en un encuentro entre el fenomenal elenco azulgrana y el Sevilla F.C., sino en una nueva ocasión para derramar sobre todos, incluso los muchos seguidores barcelonistas repartidos por toda España, la abundante bilis acumulada por los golpistas y sus testaferros. El sevillismo se ha desplazado a Madrid con la ilusión de conquistar un nuevo título que añadir a sus bien aprovisionadas vitrinas, pero su rival lo usará como convidado de piedra necesario para echar un nuevo pulso a la democracia, esa que ellos, teniéndola, dicen ansiar, mientras firman contratos millonarios con dictaduras como la de Qatar, se hacen fotos reivindicativas con basura como Otegui o mantienen en el extranjero a prófugos de la Justicia.

Le va a resultar difícil al equipo sevillista sustraerse al clima belicista de la grada catalana. Hoy, más que nunca, se necesita al Sevilla de las grandes ocasiones, desbocado de ilusión pero con la cabeza fría y el fútbol caliente. Se precisa la mejor versión, esa que siempre ofrece su gente. En el Sánchez-Pizjuán, hace bien poco, se demostró que el Barcelona no es invencible, pese a mostrarse invicto en la Liga. En la Champions, la Roma lo puso mirando para Pompeya. Habrá que apelar al espíritu Monchi, ese que tantas noches se manifestó años atrás, para disfrutar de ese plus de rebeldía contra el destino al que aboca a priori toda confrontación contra Messi y 10 más.

La ambición de la familia rojiblanca del Sánchez-Pizjuán de conquistar la que sería su sexta Copa – y asegurar una clasificación europea, ahora en peligro- sólo se sustentará si finiquita su mal rollo con el gol. Los de Montella van a tener oportunidades a buen seguro. Como las tendrá el Barcelona. Sólo falta ser tan competitivo como él en las
transformaciones. Convendría también que el árbitro, Gil Manzano, se cerciorara de que los azulgrana juegan con área. Después, las dos aficiones silbarán sus fallos. Una de ellas, tras haber pitado el himno del colegiado extremeño. Una chulería siempre impune.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla