Los jugadores del Sevilla FC escuchan a Montella durante la sesión preparatoria en el Allianz Arena
Los jugadores del Sevilla FC escuchan a Montella durante la sesión preparatoria en el Allianz Arena

La gestión del grupo marca las diferencias en LaLiga

En el Betis de Setién todos se han sentido necesarios; en el Sevilla de Montella, muchos, apéndices residuales o definitivamente extirpables
Por  13:39 h.

Desde que tengo uso de razón futbolística (Paco Gallego, Achúcarro y Diéguez, en el Sevilla; Eusebio Ríos, Ansola y Azcárate, en el Betis) he oído temporada tras temporada, hasta hace muy poco, en que el vociferío se ha adueñado del espacio balompédico, un aserto lapidario: los títulos los ganan los banquillos. Si trocan títulos por logros, también vale, que no todo lo bueno está hecho de plata. Años de experiencia se necesitaron para incorporar esa afirmación al acervo popular de nuestro deporte rey y su vigencia es absoluta: el no habitual que logra hacer funcionar la maquinaria con la misma eficacia de la pieza original termina siendo parte crucial del éxito.

En la actual temporada tenemos varios ejemplos palmarios en la competición liguera. La eterna y ya cansina pelea por el título entre Barcelona y Real Madrid, con el Atlético casi siempre de moscardón revoloteando sobre la cosa, llamémosle así para no ser tildados de escatológicos, se decantó hace tiempo del lado azulgrana por el buen fondo de armario de los de Valverde y el rendimiento desigual del de Zidane. Y más cercano aún, el desempeño de Betis y Sevilla ha venido marcado precisamente por lo que hablamos: por Heliópolis todos se han sentido necesarios; por Nervión, muchos, apéndices residuales o definitivamente extirpables.

Cierto que no siempre fue así. Con Eduardo Berizzo el plantel sevillista se podía considerar más afortunado que el bético, pues si en este siempre había algún cambio, pero escaso, en los blanquirrojos lo eran en bloque cada tres días. En el Betis se tuvo paciencia con Setién, acaso porque convencía el fútbol y sólo se le reclamaba mayor diligencia defensiva, y en el Sevilla la agotó el técnico argentino al no jugar a nada y además tener a todo el mundo tan enchufado como falto de electricidad. Lo que hubiera pasado de habérsele mantenido no se sabrá jamás.

Setién, con el cambio de sistema, mayor solidaridad del grupo y la incorporación de Bartra, solucionó sus problemas; Montella, por su parte, no ha sabido gestionar al plantel a sus órdenes. Los titulares no pueden ahora con su alma y los suplentes no saben qué hacer con sus cuerpos. “Non ci piove”, Vincenzo.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla