Monchi y José Castro, en la despedida del director deportivo del Sevilla (Foto: Jesús Spínola)
Monchi y José Castro, en la despedida del director deportivo del Sevilla (Foto: Jesús Spínola)

Los dardos contra Castro se equivocan de diana

Tras el terremoto que produjo la goleada barcelonista, el sevillismo recordó a Monchi con veneración, pero nadie me quita que la plantilla actual es suya
Por  14:08 h.

A toro pasado todos somos muy listos. La frase vale incluso para los listos de verdad. Monchi, por ejemplo, que vive días de gloria en Roma y que traspasó al Liverpool al que va a ser Balón de Oro europeo, el egipcio Salah. Lo franqueó al hogar de los Beatles por 40 millones y hoy vale cuatro veces más. De Immobile o Aspas no hablemos. He mencionado a Monchi porque tras el terremoto que produjo la goleada del Wanda, el sevillismo lo recordó con veneración. Bueno, pues a mí nadie me quita que esta plantilla que tantos bandazos está dando, para lo muy bueno y lo muy malo, es suya. ¿Puede pensarse que no es así trabajando en el Sevilla hasta el 24 de abril de 2017? ¿Alguien puede imaginar que no se le exigiera dejar hecha la planificación de esta campaña antes de marcharse? A Pepe Castro le están criticando justo por lo que habría que reprocharle con dureza de haberse comprobado su intromisión: el rendimiento del equipo. A nadie le pareció mal que el Consejo le diera continuidad al grupo de Monchi en la dirección deportiva, ni la contratación de un prestigioso Berizzo para el banquillo, ni la sustitución de este cuando erró en la gestión de la plantilla. Se puso en manos de los técnicos y estos le han fallado. Como fallaron muchos en la década prodigiosa, por cierto.

Para hoy está previsto un Consejo y la adopción de medidas tras el desastre del Wanda. No es el momento de perder la cabeza. De obtenerse la clasificación europea se habrá completado una buena campaña, con el fracaso de no alcanzarse el objetivo planificado, pelear una plaza de la Champions. El papel en esta y la final de Copa servirán de contrapeso. Imponer sanciones disciplinarias a los infractores del régimen interno y adelantar el adiós a quienes ya se saben fuera, lanzaría un mensaje de firmeza a la decepcionada afición, pero piénsese que en tres días se tiene un partido vital en Valencia. Y acéptese que hay cosas que no se pueden cambiar. Como que el Betis esté por encima de la clasificación, practicando un gran fútbol. “Lo del otro” influye en las aficiones, y dirigentes, como si fueran depresores o estimulantes del sistema simpático. Aunque resulte antipático reconocerlo.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla