Sarabia celebra el 3-1 en el Sevilla-Atlético
Sarabia celebra el 3-1 en el Sevilla-Atlético

Los extremos se tocan en el liderazgo

Joaquín y Sarabia se han erigido en los referentes de Betis y Sevilla en las duras: el portuense, con su compromiso; el de Madrid, como ejemplo
Por  9:39 h.

Se ha hablado y escrito mucho sobre la importancia que tienen los familiares adultos en la educación de su entorno infantil. «Hay que dar ejemplo», se suele enfatizar, porque los jóvenes tienden a imitar lo que hacen los mayores a los que quieren o admiran. La conveniencia de contar cerca con alguien ejemplar alcanza también al fútbol. No ya porque siendo como son los jugadores ídolos para buena parte de la juventud pueden ayudar a su formación con su comportamiento dentro y fuera de los terrenos de juego, sino porque en la reducida sociedad del vestuario, los que son como niños, y abundan mucho pese a que algunos no cumplirán más los treinta, también necesitan referentes. A Joaquín y Sarabia, por ejemplo.

Es ya un clásico el debate sobre si los líderes nacen o se hacen. En el Betis y en el Sevilla está la demostración de que cualquiera de las dos respuestas son correctas. El portuense da el prototipo de personaje desde la cuna, no ya por su facilidad para establecer relaciones con los demás sino también por ese aura de humildad que difumina el fulgor del triunfador, de aquel que habiéndolo conseguido todo sigue comprometido consigo mismo y con los demás. El madrileño, por contra, sería la otra cara de tan valiosa moneda. Un tipo corriente, hecho a sí mismo a base de esfuerzo, no acaparador de risas y elogios por su verbo, pero con el brillo suficiente en sus hechos para que estos se conviertan en faro para quienes lo rodean.

En los momentos críticos que Sevilla y Betis han pasado en el transcurso de la temporada hemos comprobado que los extremos se tocan en el liderazgo. Joaquín, a sus 36 años, enseñando el camino del sacrificio a sus compañeros para paliar las evidentes carencias defensivas del equipo; Sarabia, a sus 25, echándose a la espalda a un grupo paralizado por no saber qué hacer y a quién acudir para resolver sus problemas. El bético, comprometiéndose al máximo cuando podía acogerse a su condición de tótem del beticismo para dejarle el marrón a otros; el sevillista, no pasando factura a los entrenadores por la cansina e injusta exigencia de tener que empezar siempre de cero con ellos. Dos líderes, dos cracks.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla