José Castro
José Castro

Mejor remunerado en sevillano que pagado en chino

Los pequeños accionistas podrían proponer un sistema de compensación a los mayoritarios por el perjuicio que supone mantener un inmovilizado de alto valor
Por  12:17 h.

Si el presente de nuestros clubes está ligado a que Ramón Rodríguez Verdejo, Monchi en italiano, acabe de deshojar el girasol gigante de su marcha del Sevilla, y que en el Betis aparezcan unos «Reyes Católicos» que reconquisten de manera definitiva para el beticismo todos los reinos de taifas en que ahora está dividida la sociedad, el futuro se adivina, en parte o en todo, chino, árabe, americano o de cualquier potentado extranjero con interés en hacer negocios en España y que usaría el fútbol sevillano como lanzadera para los mismos. Un destino que parece inevitable a tenor de lo que ocurre en Europa.

Tanto en verde como en rojo se ha desmentido en las últimas fechas que las luchas intestinas por el poder tengan como objetivo el lograr un buen posicionamiento para la venta de acciones, pero a nadie se le escapa que los precios que se barajan por las mismas, algunos rompiendo el techo de 25 veces de su valor original, son capaces de vencer la resistencia de las voluntades más firmes. ¿Cómo no rendirse a una oferta estratosférica por simple «amor» al club?

Los pequeños accionistas, cada vez más activos -ahí están, por ejemplo, los del Real Betis, que auparon al poder a Ángel Haro, o los del Sevilla, agrupándose para sindicar acciones y ser alguien en el club-, acaso debieran hacer una lectura generosa de la situación y postular un sistema objetivo de remuneraciones a los accionistas mayoritarios, que de esta forma verían recompensados no sólo sus labores ejecutivas en la entidad sino también el perjuicio de tener un inmovilizado con muy alto valor.

A nadie se le escapa que en el mundo del fútbol, de quererse, resulta extraordinariamente fácil «distraer» cantidades millonarias. La gente honrada, y la mayoría de los dirigentes de los clubes sevillanos lo son, preferirían desprenderse de sus acciones antes de caer en el latrocinio. Remunérenles, como hacen la mayoría de las sociedades, para que no se vean tentados ni a facturar, ni a vender, ni mucho menos que a delinquir. Saldrá barato en dinero y en sentimientos. Pregunten si no en Málaga o en Valencia.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla