No hubo descubrimiento

Por  0:51 h.

Muchos descubrimientos de la historia tuvieron un origen casual. Una gota de algo que cayó inadvertidamente en un determinado cultivo de laboratorio, una mota de polvo que interfirió en un experimento físico dando otro resultado al esperado, el alivio de una determinada enfermedad a quien se le administró medicinas para otra distinta. En el mundo del fútbol los descubrimiento casuales son más raros, aunque los hay. Como aquel día en que Joaquín Caparrós andaba desaviado en la media punta y mandó allí a Baptista para que rellenara el hueco. Cuando dejó el molde dos años después había marcado cincuenta goles y dejpositado en la cuenta corriente veinte millones de euros.

Pero no necesariamente de un tipo alto, fuerte y negro tiene que salir un Baptista. Aparte de las cualidades físicas hace falta tener otras para el nuevo cometido a desarrollar y Baptista, que controlaba el cuero muy mal, por ejemplo, resolvía con clase por alto y por bajo en el área. Manolo Jiménez creyò ver un destello del brasileño, como si fuera una estrella fugaz, en Romaric, y ante el Salzburgo puso al costamarfileño en la mediapunta buscando su potencia, buen toque y disparo. No se dejó ver ahí, como tampoco lo hizo en la segunda parte como mediocentro, algo más preocupante porque el Sevilla ya tiene en Kanouté a “su Baptista” pero nadie se parece a Keita, que también se fue. Y Romaric ahora mismo está a años luz del hoy barcelonista.

No sé si el experimento del técnico arahalense tendrá una nueva reedición cualquier dìa de estos, porque es cierto que de en un solo partido no se deben de sacar conclusiones absolutas, pero yo de él me preocuparía más por el agujero defensivo que tiene el equipo en el centro del campo, y que pone en evidencia a la defensa, que por sacar petróleo del trote del medio africano. Me da que Duscher comienza a ser imprescindible sin saber aún lo que es la titularidad.

Redacción

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