No perdió desde los once metros

Por  1:44 h.

Palop es el único portero del mundo que prefiere un penalti a un córner o una falta cerca de su área. Cómo será la cosa que se siente más seguro con un tipo malencarado a once metros que con todos sus compañeros cerquita. No es extraño, si a la hora de la verdad lo dejan vendido, con los rivales jugando con él al ratón y al gato. El Sevilla ha sido un equipo de Champions defendiendo a balón parado como un conjunto de Segunda B. De los malos. Tiene mérito haber llegado a los octavos de final con tamaño coladero detrás.

El partido y la eliminatoria fue para llevárselo de calle. A los diez minutos los de Jiménez ganaban de dos goles tras sendos regalos de un meta turco que estaba lejos de verse en el papel de héroe que representó al final. Después, como siempre, se complicó la vida. Bastó que el Fenerbahce apretara con Alex y Deivid para que la zaga se descompusiera. Cuando la había, que con 3-1 se veía a Alves bronceándose en alta mar. Jiménez tampoco ayudó al equipo con sus cambios. Reemplazó al máximo goleador por un Renato marginado y sin ritmo. Al minuto llegó el segundo tanto turco. Necesitaba un gol más y tenía al bueno bebiendo agua en el banquillo. Que rima con pardillo.

P.D. Al término del partido, José María del Nido, decepcionado, se remitía a lo que haga el equipo en la Liga para salvar la temporada. El objetivo, difícil, sigue siendo entrar por segundo año en Champions y lo que está en juego no es ni más ni menos que el poder mantener el nivel competitivo de la actual plantilla. Si no se clasifica el equipo entre los cuatro primeros, tocará vender, y eso sí que representará el final de un ciclo, no la derrota frente a los turcos. Difícil empresa la que le espera al frágil conjunto de Jiménez.

Redacción

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