Optimismo desde el campo base

Por  20:06 h.

Entre la cima y la sima hay siempre un campo base, el primero que se instala, bien para aclimatar a los que suben, bien para servir de techo a los que bajan. En el mundo del fútbol ese campo base podríamos decir que es aquél en el que se almacenan los conceptos básicos bajo los que se manejará el grupo, la autoestima necesaria para afrontar con optimismo las competiciones y la fuerza física imprescindible con la que atacar con firmeza los objetivos previstos.

Yo no vi al Sevilla en la cumbre ante el Arsenal, ni tampoco en profundidades cavernosas frente al Mallorca. Yo lo veo ahora en el campo base, en pleno proceso de adaptación al ambiente que le procura Manolo Jiménez y preguntándose si las circunstancias son propicias para acometer el ascenso sin miedo a que los agentes “atmosféricos” le obliguen a hacer “rapel” cada dos por tres. Ante los ingleses vi un equipo que con el paso de los minutos fue adquiriendo la sobriedad y la eficacia del antaño más próximo –¡hasta se fallaron un puñado de contragolpes, como antes ocurría a manojitos!– y que, tras un comienzo cuajado de defectos, impuso con rotundidad sus argumentos. Claro que los del rival no los presentaban los primeros actores, sino buena parte de aquéllos que no aspiran sino a tener papeles secundarios esta temporada.

Más importante de cara al futuro, mucho más, me pareció el ver refrendada en el césped la voluntad de Manolo Jiménez de confinar el pelotazo al trastero de los objetos inservibles, porque a pesar de sus palabras en tal sentido la víspera del partido, últimamente había observado en el equipo cierta tendencia a aliviarse con el pase largo, hasta el punto de adquirir un perfil similar al de Joaquín Caparrós. Un clásico importantísimo en la reciente historia sevillista, pero decididamente pasado de moda. Habrá que esperar a comprobar si frente al Almería, sin tantas estrellas decorando el balón, el equipo se mantiene fiel a su gusto por el buen fútbol y certifica que va recuperando todas esas virtudes –solidez defensiva, manejo fluido de balón en la medular, profundidad en las bandas y generación de ocasiones de gol– que lo hizo grande en España. Porque en Europa, a la vista está, nunca lo ha dejado de ser.

Redacción

Redacción