Preocupaciones propias y ajenas

Por  2:08 h.

Resulta tan preocupante para los propios la escasa eficacia del Sevilla ante el gol como para los ajenos la capacidad de crear ocasiones de marcar de este equipo, que, como en Ucrania, frente al Celta el domingo pasado o ayer en Getafe, genera tanto peligro en un partido como otros en media docena de disputas.

Si yo fuera presidente de un club, Dios me libre, sólo le pediría a mi entrenador un equipo bien plantado defensivamente y con capacidad para llegar arriba. A partir de ahí, el quebradero de cabeza sería mío, porque si el sistema zaguero fuera sólido pero fallara algún jugador o se hicieran muchas ocasiones y no se aprovecharan, estaría claro que sería porque el nivel de los jugadores que habría puesto en las manos del técnico era insuficiente. Nada le podrá reprochar José María del Nido a Juande Ramos si al final no se consiguen algunos de los objetivos previstos, a no ser la surrealista pretensión de que el manchego también meta los goles, empresa harto difícil por cuanto ni cuando era jugador, y eso que jugaba por arriba, los hacía. Ahora, en la banda, a lo más que llega es a amagar el remate, cómo suele hacer su “amigo” Luis Fernández, un contorsionista en los banquillos al que a veces, con tanto escorzo, hasta se le lía la lengua.

Colíder de la Liga, semifinalista de la Copa del Rey y cuartofinalista de la Copa de la UEFA, el Sevilla sigue asombrando a todos, y más aún a los que por encima de partidismos o de amores a unos colores determinados, gustan del fútbol, del buen fútbol, de ese bellísimo deporte que sólo se denigra cuando se maltrata el balón o deja de ser asociativo para convertirse en solitario ejercicio de vanidades individuales. Esa realidad que vive hoy la entidad de Nervión la ha transformado en un referente para toda la clase media del fútbol, que asiste esperanzada a la eclosión de un club que, sin perder la identidad ni su idiosincrasia, quiere codearse, en el campo y fuera de él, con quienes de verdad parten el bacalao

Redacción

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