Prohibido confundir sensación con realidad

Por  23:15 h.

Mucho se está hablando de la falta de solidez defensiva del Sevilla esta temporada. Para los cimientos de los que levantan la teoría queda la palada del gol del Steaua, que vino a crear zozobra a la gente de Nervión en una noche que transcurría de lo más plácida. Sin embargo, los números no avalan la tesis catastrofista. La pasada temporada, en Liga, los blancos habían encajado nueve tantos en las siete primeras jornadas, sólo uno menos que en la actual. Tampoco existe un gran desequilibrio en lo concerniente a los goles a favor, pues en ésta han sido trece y en la 2006-07 se marcaron quince. La única diferencia es que en aquella los tantos estuvieron más repartidos y que, al contrario de la que disputan ahora los de Juande, se marcó en todos los encuentros, mientras en la actual campaña frente a Zaragoza y Deportivo la cuenta corriente se quedó a cero. Seis puntos menos…

No es pues tanto la falta de solidez zaguera del equipo lo que lo ha lastrado hasta el momento, sino el mal reparto del gol. O por decirlo de otra manera, se está defendiendo “tan mal” como la pasada temporada con la única diferencia de que entonces, con mayor regularidad anotadora ante las puertas contrarias, se mitigaba el dispendio causado por el agujero de la retaguardia. Otra cosa es que las sensaciones no sean las mismas, que ni Boulahrouz ni Mosquera transmitan la seguridad y contundencia que Javi Navarro, y que ni a Escudé ni Dragutinovic, sus eventuales compañeros de baile, se les vea igual de cómodos con el holandés o el colombiano que cuando actuaban al lado del veterano central valenciano.

Esa sensación de falta de seguridad no sólo la tiene la grada, sino también el equipo, que teme la hora en que ha de dar el paso atrás porque indefectiblemente empieza a pasar apuros. Se volvió a padecer esa neurosis frente al Steaua. Un primer tiempo para enmarcar, que debió saldarse con goleada de escándalo, y un segundo en el que el desgaste físico invitó a los jugadores a refugiarse en el jardín propio aun a riesgo de que el rival lo dejase sin flores. Menos mal que enfrente no estaba precisamente Atila…

Redacción

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