Sergio Rico protesta al árbitro tras la acción que supuso el gol del Getafe
Sergio Rico protesta al árbitro tras la acción que supuso el gol del Getafe

Rico, proyecto de futuro con exigencias de presente

A sus 24 años, el sevillista alterna grandes actuaciones con otras menos convincentes, una irregularidad habitual en los porteros faltos de madurez
Por  9:17 h.

Sergio Rico salió del Ramón Sánchez-Pizjuán el domingo entre división de opiniones. No del tipo que contaba Rafael “El Gallo”, cuando preguntado por su actuación en una Feria de Córdoba respondió que “unos se metían con mi padre y otros con mi madre”, sino entre los consideraban el empate del Getafe un error suyo, aquellos que veían en la falta de Cala la causa del fallo y de la mayoría, que se inclinaba por las dos cosas, por el yerro y por el contacto nada amistoso del ex defensa de la carretera de Utrera con el portero de Montequinto, tan cercanos en el mapa y en los sentimientos.

La jugada, que mereció un amplio análisis en todos los medios, incluidos los nacionales, recrudeció el debate sobre si el canterano es portero para su Sevilla o, por el contrario, a la vista de lo ya mucho visto, no da la talla para un equipo con los objetivos del club blanco. Independientemente de su lamentable acción, mediatizada o no por la carga del jugador getafeño, uno siempre vio, y sigue viendo, a Rico como un portero en formación y mal formado. El canterano aprende en la élite lo que debieron de enseñarle en la guardería. Si se le cuestiona que no salga de portería con decisión ni por alto ni por bajo, su básico golpeo de balón, la falta de reacción en las faltas directas o sus malas opciones en los lanzamientos de penaltis es porque el aficionado observa que un portero de la extraordinaria envergadura y condiciones del sevillista debería tener más prestaciones y menos inseguridades.

Es un clásico en el mundo del fútbol dividir a los guardametas entre los que paran sólo lo parable, por difícil que sea, y los que ganan puntos llegando a esos balones que parecen imposibles. Beto, que alguna vez tuvo que señalarse las puntas de los dedos para que nos creyéramos que había tocado el balón, sería de los primeros; el mejor Palop, también con carencias en las salidas por alto, no lo olvidemos, era de los segundos. A sus 24 años, Sergio Rico alterna grandes actuaciones con otras menos convincentes, una irregularidad habitual en los porteros faltos de madurez. Darle cariño, confianza y buenos profesores parece más congruente que socavar su autoestima.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla