Caparrós
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Sabia decisión la de Caparrós, pero no la gestión

El Sevilla, por presupuesto y ambición, debería apostar por la excelencia, para no reprocharse a sí mismo que no fue a por lo mejor si la cosa sale mal
Por  9:46 h.

Decíamos ayer, un ayer mucho más próximo que el de Fray Luis de León a su alumnado, que a la vista del perfil de los últimos candidatos para la Dirección Deportiva del Sevilla acaso lo suyo sería escuchar a la afición, quien apostaba por Joaquín Caparrós para el cargo. Pepe Castro hizo caso a la plebe y no a los cortesanos, y el técnico utrerano se convirtió en el boss de los despachos, pese a descartarse para ello sólo horas antes. La decisión (lógica, aliviadora, inteligente, autoprotectora, populista y salvadora), por tardía, supuso un nuevo desgaste de la imagen del presidente y del club, asediados ambos desde varios frentes.

Lo cierto es que el consejo ejecutivo, con el mandatario a la cabeza, se lo puso fácil a sus detractores. Desde enero se sabía de la mala planificación de la temporada y la necesidad de remodelar la Dirección Deportiva. Fue entonces cuando se debieron realizar los contactos e incluso urgir al elegido a incorporarse de inmediato al trabajo. Hacerlo ahora, a contrarreloj, con la figura de Caparrós sobrevolándole y sin oferta fuera de mercado que le empujara a decantarse, estaba destinado al fracaso o a firmar “lo que sea”.

Siempre he mantenido que, en función de las posibilidades de cada cual, hay que decidirse por “lo mejor” en los temas importantes, trátese de la salud, de la economía, de conflictos legales, etc. No porque ponerse en manos de personas con menos nombre o prestigio o más asequibles sea una mala decisión, sino porque apostando por la excelencia uno nunca se reprochará a sí mismo la opción escogida de salir mal el asunto. El Sevilla no debería tener miedo a firmar a un Manuel Pellegrini o un Thomas Tuchel pese a sus altas pretensiones, por poner un ejemplo. Lo que ya no cuadra con su presupuesto y ambición es seguir buscando al nuevo Juande Ramos o Unai Emery. Si hay que equivocarse, hágase a lo grande. Lo mismo valdría para la dirección deportiva.

La próxima planificación no estará ya mediatizada por la figura de Monchi, pero sí por el grupo de trabajo que en mayor o menor medida hizo equivocarse a Óscar Arias. Un nuevo fracaso en los fichajes haría peligrar el estatus de los últimos años.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla