La plantilla sevillista celebró el pase a la final en el vestuario
La plantilla sevillista celebró el pase a la final en el vestuario

Sevilla FC: mírala cara a cara que es la decimoséptima

Quien pensara que se le pasaría factura al equipo por el ridículo de Éibar no conoce a quienes forjaron su espíritu en la colina de Gelsenkirchen
Por  9:24 h.

Empecemos por la final, que este Sevilla del siglo XXI sólo tiene por principio inquebrantable perseguir con ahínco alguno de sus objetivos de la temporada. Unas veces lo hostiga tanto y con tanta paciencia que acaba en Eindhoven, Glasgow, Turín, Varsovia o Basilea; otras se queda corto de gasolina y tiene que conformarse con Mónaco; en ocasiones le da por un tour nacional y hace noche festiva en Madrid o Barcelona, difícil es que se quede sin viajar. Queda por concretar dónde acabará esta vez el 21 de abril, remake de sábado de Feria, lonas rojiblancas abiertas como abrazos en el Real, para disputar un nuevo partido de farolillos de ese abono de temporada, con más sol que sombra, del que es dueño y señor desde hace doce años, doce. Ayer, dos horas antes de la cita en el Ramón Sánchez-Pizjuán ya estaba su gente montando la Calle del Infierno en Luis de Morales. Quien pensara que la afición le iba a pasar factura al equipo por el ridículo de Éibar no conoce a quienes forjaron su espíritu en la colina de Gelsenkirchen, dos semanas antes del zapatazo definitivo de Antonio. Sabe el sevillismo cuándo es momento de bronca y cuándo no conviene ponerle sordina a ese «Sevilla, una vez más/llévame a la final/juntos lo vamos a lograr» que atrona por Nervión las grandes noches.

No falló el equipo. Desde sus inseguridades, por esa mirada de reojo permanente al patio trasero tan dado a organizar incendios donde otros sólo celebran barbacoas, los de Montella se mantuvieron firmes. Mejor en los primeros veinte minutos, solidarios hasta el descanso, suficientes en la segunda parte hasta que el Mudo habló por todos cuando boqueaba el cronómetro y alguno, temiendo la cagada que no falta en cada partido, maldecía lo mucho desaprovechado anteriormente para cerrar el marcador y la eliminatoria. Sea Barcelona o Valencia el rival, la lógica dice que la peregrinación abrileña tendrá como destino Madrid. Cruce de trenes, unos buscando en Sevilla la fiesta, otros soñando con la gloria en la final de la capital. Mírala cara a cara, sevillista, que es la decimoséptima desde 2006.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla