Sólo jirones

Por  0:12 h.

Escribo recién terminado el medio partido del Sevilla en Lieja. Llamarlo partido, o sea, noventa minutos con sus correspondientes segundos, sería una exageración, que no por andaluza se debe de admitir. Medio tiempo con el balón redondo y otro medio, el primero, en el que se fraguó la derrota, que no digo que lo viera cuadrado, porque siempre fue un objeto lejano. Un ovni, el balón y este equipo blanco cada día que pasa más irreconocible, más alejado de sus principios, más necesitado de una personalidad, la que sea.

La desnaturalización del futbol sevillista tuvo su ejemplo en sus dos versiones belgas. Un primer tiempo en el que el balón quemaba en los pies de los jugadores, parapeteados atrás y con el contragolpe como única ambición. Como no sabe jugar así se fue al descanso sin haber pisado el área rival, con el marcador en contra y con Palop en la hornacina listo para la adoración. En el segundo tiempo quiso el balón, los cachetes empezaron a tomar color y el balón a conocer como amiga el área del Standard. Pero su fútbol careció de fluidez, fue demasiado al tran-tran y se remató tan poco que más que eficacia lo que demandaba era suerte por un tubo.

Luis Fabiano, aclaremos, está fantástico de juego, que no de cabeza, y Jesús Navas, aún con sus cosas, fabrica peligro, pero la creación de los mediocentros es de chiste. Maresca, porque su físico no puede dar más de si y Romaric porque lo que le sobra de músculo le falta de talento o de ganas o de compromiso o de saber qué es lo que se espera de él. Se lo podemos decir nosotros: algo. Curioso Manolo Jiménez lo ve tan polivalente que ya lo ha hecho jugar en tres posiciones -mediocentro, mediapunta y escorado a la izquierda- y a mí me parece que más que por convencimiento lo ha hecho porque no sabe donde ponerlo para que no desentone.

Una plantilla que ha dado tanto merece un voto de confianza después de firmar un cuatro de cuatro negativo absolutamente demoledor. Lo malo es que no es tanto confianza lo que necesita como, y mira que somos pesados reiterándolo una y otra vez, fútbol. El fútbol que tenía a raudales y del que hoy sólo quedan jirones.

Redacción

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