Los jugadores sevillistas celebran el 2-2 de Correa con la afición del Sevilla en Anfield (Foto: AFP).
Los jugadores sevillistas celebran el 2-2 de Correa con la afición del Sevilla en Anfield (Foto: AFP).

Sobrevivió a sí mismo, al Liverpool y al árbitro

El punto que se llevó el Sevilla fue mejor compra que un imán para el frigorífico; a punto estuvo en el primer tiempo “turístico” de traerse media docena
Por  9:34 h.

Te pasabas por las colas del recién inaugurado septiembre para la compra de entradas del 13-S contra el Liverpool y sólo se escuchaba lo guay de seguir al Sevilla en un escenario mítico como Anfield, lo emocionante que sería el duelo de himnos entre el del Centenario de El Arrebato y el Nunca caminarás solo con origen en Broadway, la ilusión por visitar la caverna de los Beatles o la curiosidad por saber cómo se almuerza en el interior de una catedral anglicana. Vaya, una experiencia turística-futbolística que merece ser vivida al menos una vez en la vida.

Lo que temían algunos es que el equipo se apuntara también a hacer turismo y apareciera en terreno liverpudiano, que no liliputiense, con el espíritu de vivir una bonita experiencia profesional en lugar de con las navajas entre los dientes para asaltar una de las joyas de la Corona de Su Majestad. Dios puede salvar a la Reina y a su patrimonio cuantas veces quiera, pero lo importante era regresar de Inglaterra con los primeros tres puntos de la competición. Y el primer tiempo, tras ponerse por delante en el marcador, dio la razón a los malpensados. El grupo, incluso con el marcador a favor, parecía dar vueltas por Anfield sin un guía turístico que le enseñase algo interesante. Se fue al descanso con el marcador en contra, pero vivo gracias a que Firmino fallo desde los once metros lo mismo que venía errando desde los veinte y los treinta.

La segunda parte fue diferente. Banega que ya había aparecido, cansado de esperar el balón arriba, en el ecuador del primer tiempo, cogió el timón; la lesión de Pizarro dio la oportunidad a Sarabia de seguir exigiendo la titularidad y Correa primero y Muriel después, despertaron el ataque. El árbitro, casero hasta el desahucio, nada pudo hacer para evitarlo. Fue otro Sevilla, no bueno, pero reconocible. Berizzo no estaba ya, expulsado por prestidigitador chusquero, pero se empató. Muriel, que lo hace todo bien menos cuando tiene ante sí el arco triunfal, tuvo en sus botas la victoria. El punto que se llevó el Sevilla fue mejor compra que un imán para el frigorífico. A punto estuvo en el primer tiempo de traerse media docena. Denlo por buenísimo.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla