Una huida por la gatera

Por  23:17 h.

Más allá de la tristeza por sentirse traicionada, sentimiento que ahora mismo anida en la afición, lo que de verdad debería apenar al colectivo sevillista es que el mejor entrenador de su historia no haya salido del club como merecían sus logros. Hubiera sido hermoso que se marchara por la puerta grande, pero se le hubiera disculpado incluso que lo hiciera por la puerta de atrás con tal de que lo hiciera erguido. Eligió sin embargo escapar por la gatera, a escondidas, evitando dar la cara, como avergonzado de no haber sabido responder con calidad humana y profesional a una entidad que en su momento hizo una apuesta muy fuerte y muy arriesgada por él. Dirán que respondió con creces a tal confianza. Cierto. También lo cobró.

Algunos medios de Madrid, los mismos que se escandalizaron por los globitos de Robinho en Río y pidieron su excomunión, se han lanzado a excusar la espantá de Juande o a calificar de “emotiva” su carta al sevillismo desde una página web estrenada ex profeso para despedirse. Hubo quién se preguntaba si todo el mundo no habría actuado igual que Juande: Monchi no lo hizo; Dragutinovic, que lleva aquí dos días, tampoco; Daniel Alves, incluso en su rebeldía, no osó a romper la cuerda que lo ataba al Sevlla. Sobran los ejemplos.

Fácil, mucho, le hubiera resultado a Juan de la Cruz Ramos explicar su marcha. Sólo tenía que decir la verdad, que se va por dinero, porque necesita asegurárselo tras embarcarse en una operación económica de gran envergadura y al comprobar que el Sevilla no estaba dispuesto a financiarle el bogavante a la espalda diario de la futura jubilación. No le hubiera servido para que le lloviesen los halagos, pero al menos se habría ido con dignidad. Qué menos.

Redacción

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