José María del Nido, en la junta de accionistas del Sevilla (Jesús Spínola)
José María del Nido, en la junta de accionistas del Sevilla (Jesús Spínola)

Una Junta de Accionistas para la historia… pasada

José María del Nido Benavente no se merece que su imagen sea la de un opositor ofuscado u obnubilado por su ambición personal. Ni él ni el Sevilla F.C.
Por  9:33 h.

La entrada de José María del Nido Benavente en prisión, condenado por un asunto sin relación alguna con su gestión al frente del Sevilla F.C., cortó la exitosa andadura deportiva de quien, sin necesidad de autoproclamación ni de abuela, cabe considerar como el mejor presidente de la historia sevillista, no tanto por los títulos conseguidos sino por la profunda transformación de la entidad. La vuelta a la escena del que fuera líder del «revolucionario» Consejo de Administración que convirtió a una sociedad anclada en la nostalgia, y superviviente casi en la miseria, en la que asombra hoy tanto en España como en Europa, puso el foco en la última Junta de Accionistas. Todo el mundo estuvo pendiente de él, pero nadie lo respaldó.

Resulta difícil de entender que el ex presidente, conocedor de la falta de apoyos no sólo entre los accionistas mayoritarios sino también entre los pequeños, de ahí la queja por su marginación en los días previos, adoptara una estrategia belicosa con el actual Consejo y en especial con José Castro, quien surfea aún en la ola de la gloria. Tiene razón Del Nido en que (no sólo este año, también con Monchi el pasado) se haya optado por fichar veterano en lugar de joven y revalorizable, una de las rentabilísimas señas de identidad del club en los últimos tiempos; resulta respetable su oposición al pago de dividendos, aunque mejor una remuneración diáfana de los consejeros y accionistas que prácticas compensatorias a oscuras; ofreció un flanco débil cuando pidió un estadio tan ampuloso como su verbo, no habiéndole hecho ni un lifting para cuarentones durante su mandato, y refrescó la memoria de todos al afirmar que el club estaba hoy regido por los que lo mandaron en los 90 a Segunda: sólo quienes la perdieron no recordaron que con él en la vicepresidencia el equipo fue descendido a la Segunda B.

Con los accionistas mayoritarios haciendo piña con Castro y los pequeños accionistas -ahora sí bisagra imprescindible- apoyándole, da la impresión de que su tiempo ya pasó. Y no se merece pasar a la historia como un opositor ofuscado u obnubilado por su ambición personal. Ni él ni el Sevilla F.C. que engrandeció en el pasado. Que pasado es.

Francisco Pérez

Francisco Pérez

Colaborador de Opinión en Deportes ABC de Sevilla