Una patente sin futuro

Por  0:35 h.

Habría que hacer números, pero no me extrañaría nada que el Sevilla fuera de los equipos menos eficaces de la Liga, que en la relación entre disparos entre palos y goles sus guarismos fueran comparables a conjuntos que vegetan en la tierra de nadie. Ayer, en Pamplona, como antes frente Gimnástico, Celta, Shakthar, Betis o a cuantos equipos se ha enfrentado en las últimas fechas en España y en Europa, el cuadro sevillista fue una máquina de generar ocasiones de gol y, al mismo tiempo, de desperdiciarlas, patente sin futuro de la que parece tener la representación.

Su contumaz lamento ante el gol tiene difícil remedio. Porque no se trata ya de mejorar los movimientos ofensivos ni de pedirle mayor tensión a los jugadores, sino simplemente de acierto, valor que se cotiza caro en la bolsa futbolística y que en el Sevilla, salvo Kanouté, que lo ha demostrado con creces, parece que nadie tiene. Y cuando digo nadie no sólo me refiero a los Kerzhakov, Luis Fabiano o Chevantón -del primero yo compraría los bonos que se venden en el mercado de futuros-, sino también a los hombres de banda, que en el Reyno de Navarra remataron mucho y siempre mal.

Los puntos que no se lograron ayer en tierras navarras ponen a los blancos a tiro de piedra de sus perseguidores y al Barcelona un par de pasos por adelante, que son muchos siendo como son gente de zancada larga y poderosa. Los que acechan, además, no son advenedizos, sino un Valencia que está recobrando su potencial en este tramo final de temporada y un Real Madrid que a falta de fútbol corteja a la fortuna con talante de amante ricachón. A los dos les sobra la experiencia que le falta a los blancos para convivir con una presión que además se multiplica por los tres frentes que tiene abiertos. En Liga, Copa y Europa y con la misma máquina que fabrica un género de lujo para a la hora de empaquetar, destrozarlo.

Redacción

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