Tenis

El deporte que silencia los castigos por dopaje

El positivo del brasileño Bellucci, que dijo estar lesionado y cumplía una sanción, cuestiona la rigidez de la ITF, que ya rebajó los casos de Errani y Cilic

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El asunto tiene que ver con un término que forma parte de los usos y costumbres del tenis profesional, silent ban, una sanción silenciada. Thomaz Bellucci era hasta el pasado 18 de julio de 2017 un feliz tenista brasileño, cuya zurda le había llevado hasta el puesto 21 de la clasificación mundial de la ATP y que ahora pululaba por el 112. En el torneo de Bastad (Suecia) pasó por el filtro del control antidopaje y su vida cambió desde el momento que depositó la orina en el frasco. Ese bote contenía hidroclorotiazida, un diurético prohibido por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) que también ha arruinado la carrera de tres futbolistas del River Plate argentino (Qarta, Mayada y Driussi). La sustancia, en términos de dopaje, ejerce un beneficio enmascarante de otros productos dopantes. En cualquier otro deporte, Bellucci sería sospechoso desde ese instante. Pero en el tenis recibe soporte. La Federación Internacional de Tenis (ITF) le ha sancionado con cinco meses cuando podría haberle castigado con cuatro años. Durante este periodo de inhabilitación, el brasileño alegó sufrir una lesión en el tendón de Aquiles. Y nadie habló de su positivo porque nadie lo conocía. El caso no es nuevo y pone en cuestión la rigidez de la ITF respecto al dopaje. Algo parecido le sucedió a la italiana Sara Errani o al croata Marin Cilic.

Antes de su reclusión forzosa, Bellucci disputó los torneos de Gstaad (Suiza), Kiztbuhel (Austria) y el Abierto de Estados Unidos, su última aparición en las pistas. A mediados de septiembre recibió la notificación de la Federación Internacional y se entiende que por eso detuvo su actividad profesional. Una dolencia en el tendón de Aquiles, adujo.

Casi cinco meses después, la cadena Globoesporte informó de que el brasileño cumplía un castigo por dopaje de hidroclorotiazida. La defensa del tenista no fue muy original respecto a los argumentos de tantos casos conocidos. Sus abogados dijeron que el jugador ingirió un suplemento polivitamínico contaminado. «Jamás tomé ningún tipo de suplemento o cualquier otra sustancia que pudiera favorecer mi rendimiento o para incumplir las reglas del deporte. Nunca podía imaginar que un multivitamínico hecho en una farmacia podía sufrir contaminación cruzada en dosis mínimas». La ITF, que no hace los controles antidopaje, pero tiene la potestad de sancionar o no a sus asociados, le creyó.

Bellucci está a punto de reaparecer. Y habría regresado como un marqués, sin mancha alguna, si no fuese porque un medio de comunicación rompió el sigilo del tenis.

Parece claro que se impuso de nuevo un silent ban en el noble deporte de la raqueta, refugio de las buenas formas y los valores de la competición.

Errani y Del Moral

Sara Errani es una tenista italiana que llegó a la final de Roland Garros en 2012. Disputó y perdió el título ante la diosa del glamour Maria Sharapova, sancionada el año pasado por consumo de meldonium, un revitalizante multifuncional. Errani siempre ofreció un punto de incertidumbre por su antigua relación con el médico español Luis García del Moral, exdoctor del US Postal en la época dorada de Lance Armstrong. Del Moral fue sancionado de por vida por la AMA por su implicación en el dopaje sistemático del siete veces ganador del Tour de Francia. Su pupila tenista, asentada en Valencia hace años, dio positivo a comienzos de 2017 por una sustancia, letrozole, que ayuda en el tratamiento del cáncer de mama y que, como fuente de dopaje, tiene efectos de estimulante hormonal.

Errani fue un poco más allá en la explicación de su positivo. Según ella, su madre, paciente de cáncer de mama, pudo haber volcado una píldora en el caldo con el que preparaba unos tortellini. La ITF citó a una declaración a Fulvia, la madre de la tenista, quien confirmó la versión expuesta del medicamento disuelto en la pasta. La Federación Internacional de Tenis la creyó. Y la antigua cliente de García del Moral recibió una sanción leve, dos meses. También en silencio.

Marin Cilic ganó el Abierto de Estados Unidos en 2014 y perdió la final de Wimbledon el año pasado ante el incontenible Roger Federer. En 2013 protagonizó una multa silenciosa. Dio positivo por niketamida, un medicamento que estimula la presión sanguínea y, por lo tanto, la respiración, durante el torneo de Múnich. Dos meses después se retiró de Wimbledon aquejado de una lesión que, en realidad, encubría un positivo, como se supo después. En este caso, la ITF aplicó nueve meses de castigo para un pasajero habitual de los diez primeros del tenis mundial.

Existe un tenista que recibió una sanción contundente: Wayne Odesnik. Al americano le apresaron en Australia un cargamento de hormona del crecimiento en 2010 (se entiende que no era toda para él) y reincidió durante 2017: dio positivo por un estimulante. No puede volver a jugar hasta 2030. Pero la sanción no se la impuso la Federación Internacional de Tenis, sino la agencia estadounidense antidopaje (USADA), el organismo que acabó con la carrera de Lance Arsmtrong.

Un caso en España

Este tipo de episodios laxos con el sistema antidopaje han derivado en algún problema en el tenis español. El lance menos conocido tuvo lugar hace meses. Según la práctica habitual de las federaciones internacionales, la ITF solicitó un control por sorpresa a la Agencia Española Antidopaje (AEPSAD), ya que debía cumplir con el protocolo previsto por la AMA para permitir el concurso de deportistas en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Exige una serie de requisitos de limpieza, que incluyen controles por sorpresa.

Los agentes médicos de la AEPSAD se personaron en la residencia del tenista (cuyo nombre desconocían las fuentes consultadas por ABC) y éste se negó a realizar el control alegando que debía coger un vuelo transoceánico que salía en breve espacio de tiempo. Los técnicos de la AEPSAD no dieron crédito al asunto, ya que la negativa a realizar un control sorpresa sigue un cauce oficial y expone al deportista a una sanción de cuatro años según el código antidopaje de la AMA. Los agentes presentaron la documentación del «no análisis» a los responsables médicos de la Federación Internacional y el asunto, lejos de convertirse en un escándalo, ha pasado de puntillas por los altavoces del tenis.

Fuentes conocedoras de la lucha antidopaje recuerdan que Ángel Mullera, el atleta catalán, casi escapa por una puerta trasera cuando acudieron a su casa para practicarle un control sorpresa.

La justicia francesa restañó la imagen de Rafa Nadal, a quien acusó la exministra francesa Roselyne Bachelot de haber protagonizado un caso de dopaje encubierto con lesión. Los tribunales galos le dieron la razón al español y castigaron a Bachelot con una indemnización de 10.000 euros, que el tenista balear cederá a una ONG francesa.