Carlos Moyà y Rafa Nadal, en un entrenamiento en París
Carlos Moyà y Rafa Nadal, en un entrenamiento en París - EFE

Roland GarrosLo que Nadal aprendió de Moyà

El mallorquín asumió la labor de perpetuar la dinámica ganadora aportando detalles para la mejoría

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La transición en el mando del banquillo de Rafael Nadal fue suave. Con Toni Nadal, añadieron al grupo a uno más de la familia, Carlos Moyà. Y el balear tomó la responsabilidad de perpetuar la hazaña: ganar en París. Toni Nadal siempre estará cuando lo necesiten y esta semana ha aparecido en alguno de los entrenamientos de su sobrino, siempre con la raqueta en la mano porque le puede la costumbre de maestro. Pero es Moyà quien ocupa su sitio en el palco y en el banquillo.

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Aunque puede ser difícil de entender que alguien que ha ganado tanto como Nadal tenga que cumplir órdenes, el número 1 lo hace. «Él ya lo ve todo. Si consideró que si yo tenía que formar parte del equipo es que está abierto a que haya cosas, no que haya que mejorar, pero sí que evolucionen, que puedan cambiar en cierta manera. Conozco su esencia, sé que nunca va a ser un Milos Raonic. Si con él quería que fuera más defensivo, con Rafa quiero que sea más ofensivo. Hay que adaptarse al nivel que tiene. Eso es primordial», explicó el campeón de Roland Garros en 1998 sobre el campeón de diez títulos.

¿Qué se puede mejorar de 85 victorias por solo dos derrotas en París? «Siempre hay cosas. La perfección en tenis no existe», subraya Moyà, que admite que estar con el número 1 le exige cada día lo máximo. Nadal siempre ha sabido jugar una pelota más que el rival, sobre todo en tierra batida, superficie en la que el español es maestro porque nadie tiene tal repertorio de cambios de altura, de ritmo y de apertura de pista, ni nadie se mueve como él, siempre antes de que el rival piense siquiera dónde golpear la pelota. «No es cierto que naciera en tierra, ¿eh? Todo el mundo piensa que he practicado en tierra toda mi vida y no es verdad. Practiqué mucho en pistas rápidas cuando era pequeño. Mi tío me preparó para ser un tenista, quizá no típicamente un tenista de tierra. Pero luego las cosas se dan como se dan. Y es cierto que me he adaptado muy bien durante toda mi carrera y he tenido muchos éxitos. Pero siendo sinceros, también he tenido éxito en otras superficies», analizaba el propio Nadal sobre su perfecto idilio con el juego de tierra.

Pero la llegada de Moyà ha introducido alguna variante para mejorar incluso lo que ya desde fuera parece inmejorable. «Le he metido mucha presión en intentar ser agresivo, ir más a por el punto. Ya sabe que no tiene 20 años, y que ganas unas facultades físicas, pero pierdes otras por el camino. Una de ellas, la explosividad. Ya no se tiene que basar solo en el físico, tiene que ayudarle, claro, pero en los partidos tiene que ir a por la bola. Si gana el punto en dos tiros mejor que en ocho, si puede ganar en una hora mejor que en dos. Incluso tratar de apuntarse puntos en la red», expuso sobre su aportación a la causa.

Abrir la pista

Su reflejo en la pista, el revés. Nadal ya no necesita, ni quiere, desgastar al rival para ganar el punto. Le basta con haber afilado su golpe a dos manos, que ahora le funciona como una bala porque ha añadido velocidad a su movimiento para prepararlo y le permite abrir la pista, desplazar al oponente, para dejar el hueco libre con el que rematar de derecha. «En la primera parte del partido ante Diego Schwartzman, no conseguí abrir mucho la pista. Jugué demasiado detrás de la línea, él cogía la pelota antes que yo y tenía el control del juego», explicó el jugador sobre la importancia de ese golpe que ha perfeccionado en los últimos tiempos.

«Sé con quién estoy, sé que tiene la capacidad para hacerlo. No me vale que empiece a hacer golpes ganadores desde cinco metros fuera de la pista. Yo juego mucho con porcentajes y la exigencia está adaptada a lo que sé que Rafa puede dar. Le meto mucha presión en eso para que lo automatice, pero él tiene que sentir que es capaz de hacerlo. Si yo pudiera hacer todo lo que digo, estaría jugando yo. Pero sé con quién estoy, soy consciente de la calidad de Rafa. Sé que tiene capacidad para hacerlo». Para seguir mejorando lo inmejorable.