Garbiñe muguruza, en el torneo de Sídney
Garbiñe muguruza, en el torneo de Sídney - EFE
WTA | Abierto de Australia

A Muguruza le cuesta enero

Lesiones y calambres impiden a la española sumar ritmo y partidos de preparación antes del Abierto de Australia

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Unos calambres en Brisbane y un problema en el adductor en Sídney dejan a Garbiñe Muguruza sin tiempo para preparar con buenas sensaciones el Abierto de Australia. Siembra dudas para lo que viene, y frustrar en la tenista, de ver que la cabeza quiere, pero el cuerpo se niega a responder bien.

Tiene Muguruza motivos para creer en este 2018, merced de dos campañas anteriores de crecimiento y consolidación que la auparon al número 1 y a un tenis consistente, firme y con opciones en todos los torneos. Fiel reflejo de una madurez mental que confiere a la tenista un abanico de recursos multiplicados por su juventud y su ambición. Sin embargo, los inicios de curso se le atragantan desde hace tiempo. Las semanas de parón invernal hacen mella en su cuerpo, que no responde con garantías ni con las exigencias que se impone la tenista.

Brisbane es un torneo aciago. Un esguince de tobillo en 2015. Una fascia plantar en 2016. El aductor de la pierna derecha en 2017. En 2018, los calambres en el partido de más de dos horas contra Aleksandra Krunic. Demasiado poco tiempo en la pista.

Viajó a Sídney. «Una buena oportunidad de volver a competir y poder jugar algunos partidos buenos antes del Open de Australia», comentó en la previa. El objetivo: alistar la muñeca y la mentalidad con vistas a, al menos, esos cuartos de final que defiende en el Grand Slam australiano. Pero el cuerpo vuelve a frenar su ambición. A pesar de vencer a Kiki Bertens, el adductor derecho, que ya había avisado desde el entrenamiento del lunes, le impide seguir. Otro abrupto parón.

Continuidad, pero sin forzar

Molestias en dos torneos consecutivos que son inoportunas e incómodas porque es enero un mes complejo: obligados los tenistas a acumular minutos y tensión competitiva para despertar del letargo de los entrenamientos invernales, pero sin forzar las articulaciones ni los músculos porque enseguida llega el primer Grand Slam del año. La primera prueba de nivel.

Es el motivo por el que Muguruza decidió no mantener la presión en ese adductor traicionero. «Siento mucho tener que retirarme, pero tras consultar con los médicos del torneo y con mi equipo, he decidido que es mejor parar. He sentido molestias desde que empecé a entrenar aquí en Sídney pero quería jugar. Desgraciadamente, durante el partido el dolor ha estado ahí todo el tiempo y me ha impedido jugar con comodidad. He de parar para que no vaya a más», se expresó.

Ya está en Melbourne, donde mide su recuperación y sus fuerzas físicas y mentales para acometer el Abierto de Australia. Son los cuartos del año pasado su mejor ronda, pero tiene en su poder todas las herramientas para repetir otro año de éxito como en 2016 y en 2017. O incluso más, pues podría regresar al número 1, que disfrutó durante cuatro semanas el año pasado, si se proclama campeona del torneo, entre otras opciones, en la pelea que mantiene con Simona Halep. A su ambición debe acompañarle el cuerpo.

También Rafael Nadal buscó continuidad. Sin competir desde noviembre, suma dos victorias (Lucas Pouille y Lleyton Hewitt) y dos derrotas (Richard Gasquet y Tomas Berdych, ayer) en las exhibiciones con las que ha preparado Australia el finalista de 2017.