«En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira». decía Ramón de Campoamor
«En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira». decía Ramón de Campoamor - AP

¿Y si detrás de la fusión Atlantia-Abertis estuviera la de Gas Natural-Endesa?

La Fundación Bancaria La Caixa, a través de Criteria (que, no olviden, están ambas presididas por Isidro Fainé, y que tienen un 24,37% de Abertis), controlará cerca de un 22% de la empresa resultante entre Atlantia y Abertis, pero perderá el control «per se» que quedará en manos del grupo italiano

MadridActualizado:

No todo es lo que parece a primera vista. ¿Cuántas veces nos ha pasado que hemos mirado algo rápidamente pero nuestro cerebro no pudo asimilar o procesar lo que vio en un solo instante y tenemos que volver a mirar más detenidamente para retener o ver lo que realmente es? Pues algo así podríamos decir que pasa con la interpretación de hechos y noticias. Y en el mundo empresarial y lo que hay detrás de sus operaciones y estrategias, más. No en vano, los profesionales de la información tenemos la obligación de tener que mirar (leer) no solo una o dos veces lo que se cuenta oficialmente. Tenemos que ver más allá (leer entrelíneas vamos), con el objetivo de dar a los ciudadanos el máximo de información posible. Rigurosa y contrastada. Por eso, al pelo me viene la muy sabia y profunda reflexión del escritor y pensador español Ramón de Campoamor y Campoosorio (1817-1901) que dice que «En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira».

Pues bien, ¿qué podría «esconder» (entre comillas, ya saben, depende del color...») la reciente opa lanzada por la italiana Atlantia sobre la española Abertis? Así, a bote pronto, el interés de la primera por la segunda pudiera ser claramente estratégico y empresarial. Atlantia es uno de los principales grupos en el sector de infraestructuras aeroportuarias y de autopistas del mundo, opera 5.000 kilómetros de autopistas de peaje en Italia, Brasil, Chile, India y Polonia y gestiona los aeropuertos de Fiumicino y Ciampino, en Italia, y los tres aeropuertos de Niza, Cannes Mandelieu y Saint Tropez, en Francia. Con la compra -«amistosa» en un principio y, dicen desde el país transalpino, que en un final, también-, la Fundación Bancaria La Caixa, a través de Criteria (que, no olviden, están ambas presididas por Isidro Fainé, y que tienen un 24,37% de Abertis), controlará cerca de un 22% de la empresa resultante, pero perderá el control «per se» que quedará en manos del grupo italiano. Esta operación crearía el mayor gestor de autopistas de Europa, al integrar vías rápidas de España, Italia y Francia, además de otros negocios, como por ejemplo el operador español de satélites Hispasat.

Hasta aquí, todo «normal». Ahora bien, intentando mirar más allá de lo que a simple vista pudiera parecer la opa de la italiana sobre la española muchos piensan por ahí, no sin razones fundamentadas -y fundamentales para algunos intereses político-empresariales-, que está otra gran operación a la vista: la fusión de Endesa con Gas Natural Fenosa (GNF). Dicho así, parece una relación causa-efecto totalmente absurda (los sectores son completamente distintos, por ejemplo) pero dependiendo del color del cristal de alguno que lo mira... pues no. ¿Y si ambas operaciones estuvieran relacionadas y fueran un intercambio de cromos entre gobiernos? ¿Y si fueran un pago de favores empresariales con tintes políticos de fondo? ¿Y si el Gobierno intentara frenar ese afán italiano por quedarse con todo lo que huele a sector estratégico español con éxito que abre fronteras mientras la situación en «viceversa» siempre se ha considerado como una intromisión en la soberanía económica de su país?

El caso es que si ambas operaciones estuvieran relacionadas mejorar la oferta de Atlantia-Abertis en favor de los intereses españoles -político-económicos- sería un objetivo ineludible. De ahí que algunos digan que es de obligado cumplimiento para los italianos cumplir con ciertas líneas rojas: el precio tendrá que ser claramente superior (mínimo entre un 10-15% más); el número de representantes españoles sentados en el consejo del grupo resultante también (no solo tres); y, la sede se quedará en Barcelona sí o sí, además, obvio, de mantener al actual grupo gestor. Cumpliendo estas condiciones, el Gobierno español, en la medida en la que puede «interferir», daría el visto bueno a la opa, y por ejemplo, no haría uso de su derecho de veto sobre cualquier cambio en la estructura accionarial de Hispasat (de la que Abertis tendrá el 90% en breve), considerada como de interés general para España.

Así, siguiendo los pasos tal cual en esta operación, GNF podría comprar Endesa, propiedad de la estatal italiana Enel, con el consentimiento del Gobierno italiano que no lo consideraría -ahora no- una intromisión. Devuelta la empresa energética a su país de origen, la compañía resultante se convertiría en la primera eléctrica de España, superando en perímetro a Iberdrola al menos en la península. Un campeón nacional con Isidro Fainé (74 años), presidente de GNF, al frente, que dejaría paso en la presidencia al que sería su sucesor, su segundo, como vicepresidente ejecutivo, Borja Prado, en la actualidad presidente de Endesa.

En definitiva, el Ejecutivo Rajoy -con el visto bueno del ministro del ramo, Álvaro Nadal- quedaría como el «solucionador» y «salvador» del destrozo que hiciera en su día el de José Luis Rodríguez Zapatero -allá por 2009- vendiendo a los italianos (casi bajo presión) una de las grandes empresas españolas que hizo (y bien) las Américas y que opera en un sector estratégico y regulado -el energético-, cerrando de una vez por todas el fatídico futuro que todo el mundo le augura aún: su desmantelamiento y expolio total... Pero, ¡ojo!, éste, quizás, sólo es el color de un solo cristal. Escrito queda.