EMPRESAS

La nueva resurrección de La Cartuja de Sevilla

El grupo madrileño European Lifting Company, como socio inversor, y el empresario Mario Vázquez Iriberri están detrás del nuevo plan para relanzar la centenaria fábrica de loza

Imagen de una de las nuevas vajillas de Pickman
Imagen de una de las nuevas vajillas de Pickman - ABC
ENCARNA FREIRE Sevilla - Actualizado: Guardado en: Economía

En 2014 Pickman La Cartuja entró en liquidación tras un proceso concursal de dos años. Eran los últimos platos rotos en la fábrica de loza que el comerciante inglés Charles Pickman y Jones fundara en el monasterio cartujo de Santa María de las Cuevas en 1841. La misma reina Isabel II vendría unos años después a conocer personalmente el taller, donde maestras inglesas del oficio enseñaban el fino arte de pintar la cerámica a aprendizas de Triana. La fuerza de esta marca, ligada a la memoria emocional de muchas familias, que guardan su loza decorada para ocasiones especiales durante generaciones, ha podido con todo durante 176 años y ha evitado que esta casa centenaria echara el cierre en numerosas ocasiones.

Testimonios de mujeres «cartujanas» —pintoras de la loza inglesa que, casi milagrosamente, hoy se fabrica en su nuevo emplazamiento de Salteras con la misma fórmula que en el siglo XIX— lo han dejado dicho: «Después de la expropiación de Rumasa empezó la decadencia de La Cartuja». En efecto, el «holding» de Ruiz Mateos tomó las riendas de la empresa cuando se desligó del negocio la familia Pickman. A partir de ahí, la fábrica ha pasado por muchos avatares, algunos escabrosos, y por numerosas manos. Al menos una decena de dueños han intentado reflotarla, o esquilmarla en sus etapas más aciagas.

Proceso concursal

Llegados a 2014, los consultores Mario Vázquez Iriberri y Vicente Zamorano Montagut, que estaban implicados en la gestión de la compañía durante el concurso de acreedores, decidieron dar un paso adelante y tomar las riendas de la empresa, viendo posibilidades de viabilidad. Su oferta fue aceptada por el administrador concursal y así, los dos socios compraron la marca La Cartuja de Sevilla, los activos y la maquinaria. También asumieron la plantilla y la deuda tras una inversión que se cifró en casi siete millones de euros.

En los tres años que han transcurrido desde entonces, Vicente Zamorano ha salido del proyecto y en su lugar, a fines de 2015, entró el grupo madrileño European Lifting Company como accionista mayoritario y socio inversor «con vocación de permanencia», según recalcan fuentes de la empresa. Este grupo está enmarcado en distintas actividades, como contratista especializado o distribuidor de maquinaria, entre otras.

Por su parte, Vázquez Iriberri mantiene su participación en la compañía y es el artífice de la nueva estrategia de relanzamiento con funciones de consejero delegado. Este abogado zaragozano y empresario de consultoría empezó a darle un giro a La Cartuja a partir de enero de 2016 para resituarla en el mercado español, donde, pese a todo, nunca se han dejado de demandar las vajillas con sello del ancla cartujano. En esta búsqueda de viabilidad y crecimiento, otra puerta a franquear es el mercado internacional, un objetivo que ya está dando frutos. Un primer logro ha sido un acuerdo con dos distribuidoras en Corea del Sur, que empezarán a comercializar los productos de La Cartuja de Sevilla en el país asiático a partir de este mismo otoño.

Otra colección contemporánea
Otra colección contemporánea- ABC

México es otra plaza a conquistar, a través de una primera plataforma, la cadena comercial El Palacio de Hierro, una especie de Corte Inglés mexicano, que ofertará su catálogo a partir del próximo año. Estados Unidos está también en el punto de mira, hasta ahora con incursiones selectas, como la aparición de fotografías de una de las vajillas clásicas cartujanas en un magazin de New York Times. En el último año también se ha realizado una labor para resituarla en el mercado nacional, con sus dos grandes aliados tradicionales, El Corte Inglés y el Grupo Planeta.

Tiendas minoristas y el canal online son otras vías de venta. Dentro de este nuevo plan de negocio, el equipo de dirección está, por un lado, impulsando la optimización de la producción en la factoría, donde hoy trabajan 65 personas. Remozar la imagen del producto combinando las piezas clásicas emblemáticas con colecciones contemporáneas muy cuidadas, en las que han participando diseñadores punteros, es otra línea de trabajo. «El corazón de la Cartuja de Sevilla es el producto clásico. La vajilla 202 rosa y la flor de lis azul siguen siendo las más vendidas. Pero queremos presentarlo de una manera renovada», explica Sara Moreno, responsable de marketing.

Bajar la loza de la vitrina

La idea, explica, es «bajar la vajilla de la vitrina a la mesa de diario. Nos coge ahora un buen momento del mercado. Estamos saliendo de la crisis y hay afición por el gusto en la mesa y una vuelta a la cerámica», señala. La ofensiva comercial internacional va a tener un importante hito la próxima semana en la feria Maison & Objet de París, que se celebra del 8 al 12 de septiembre, donde La Cartuja de Sevilla mostrará sus colecciones clásicas junto a sus nuevas piezas de autor. Reflejo de estos aires innovadores es un cuidado catálogo, que evoca el marketing de Ikea, en el que los platos, los juegos de café o las bandejas pintadas a mano se utilizan en casas particulares donde sus inquilinos, algunos familias sevillanas conocidas en ámbitos profesionales y empresariales, aparecen también fotografiados.

«Enseñamos el producto en su uso cotidiano y no en la típica mesa decimónónica de doce platos», apunta la publicista. Este empeño por «desempolvar la loza» busca seducir también a los jóvenes. La vajilla cartujana no es cosa de abuelas ni un elemento decorativo. Ese es el mensaje. «El público joven compra de otra manera. Hay cada vez más pedidos pequeños. Puedes adquirir piezas sueltas y mezclarlas», sugiere Sara Moreno. Como referencia de precios, la pieza patrón es el plato llano que cuesta 10,95 euros. Y para quien tenga dudas, las vajillas de loza, que han pasado por un horno a 1.100 grados, son aptas para lavavajillas y microondas.

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