ECONOMÍA

La última junta de accionistas de la vieja Abengoa, contada desde dentro

Cordialidad entre consejeros entrantes y salientes en un cónclave en el que se ausentaron Felipe Benjumea y José Borrell

Un grupo de accionistas llega ayer a Palmas Altas para asistir a la Junta de Accionistas
Un grupo de accionistas llega ayer a Palmas Altas para asistir a la Junta de Accionistas - ABC

La última Junta de accionistas de la vieja Abengoa, aquella compañía nacida hace 75 años en la que las familias fundadoras —así como los descendientes de quienes apoyaron sus primeras ampliaciones de capital— aún mantenían un 51% de los derechos de voto, fue prácticamente un trámite en el que incluso hubo grandes dosis de cordialidad entre los consejeros entrantes y salientes. La ausencia más notable fue la de Felipe Benjumea, ya que el expresidente de la compañía decidió delegar su voto. También faltó el exministro socialista José Borrell, hasta ayer consejero de Abengoa, que esgrimió como excusa sus compromisos ineludibles fuera de España. Ricardo Martínez Rico, fundador de Equipo Económico, tampoco hizo acto de presencia. Sí estuvieron dando la cara los demás consejeros, como José Abaurre, Ignacio Solís, Mercedes Gracia o Ana Abaurre. Antes de la celebración del consejo, en la entrada del campus Palmas Altas un centenar de miembros de UGT recibió a los accionistas con una pancarta en protesta por los últimos despidos y haciendo sonar el pitido de sus silbatos. Pero salvo esta anécdota, la junta comenzó puntualmente y sin ningún incidente.

Cuando la reunión ya había comenzado, pasadas las once de la mañana, entraron en la sala y desfilaron hacia las primeras bancadas los que serían elegidos unas hora después como nuevos consejeros (venían directamente de la Estación de Santa Justa). La excepción fue la del nuevo presidente ejecutivo, Gonzalo Urquijo, que sí estuvo puntual en la sala donde se realizó la reunión, saludando cordialmente a algunos de los asistentes antes del comienzo. Antonio Fornieles, expresidente de la compañía, relató todas las vicisitudes por las que ha atravesado la empresa desde que en agosto de 2015 decidió anunciar una ampliación de capital de 650 millones de euros para afrontar sus problemas de falta de liquidez; también detalló pormenorizadamente los puntos del plan de rescate. Al finalizar su intervención, hasta en dos ocasiones deseó suerte a los futuros gestores de Abengoa, con una mención expresa a Urquijo, «con quien he trabajado estrechamente en los últimos tres meses», reconoció. También agradeció a directivos y trabajadores su entrega en unas circunstancias tan difíciles. «Seguro que esta compañía volverá a destacar por su logros en el mundo de la ingeniería, como ha hecho en el pasado», auguró.

Solo tres asistentes tomaron la palabra para criticar la gestión de la multinacional. Entre ellos estuvo Felipe Izquierdo, el abogado que representa a la plataforma de afectados por Abengoa, que hizo un duro alegato contra «el gigante con pies de barro, al que sus antiguos gestores le quitaron el oro de la corona antes de la caída», en referencia a las indemnizaciones de los antiguos ejecutivos de la firma. Un grupo de accionistas críticos aplaudió su discurso.

Tras este episodio se aprobaron por mayoría todos los puntos del orden del día, salvo aquel que hacía alusión a la unión de las acciones A y B. Y esto se debió a que no había quórum entre los accionistas que poseen acciones B (apenas estuvo representado el 11% de los mismos), mientras que de las acciones A —que tienen asociados mayores derechos de voto— hubo una representación del 63%. Si se tiene en cuenta a todos los accionistas presentes, ayer estuvo representado en la Junta de Accionistas el 58% del capital. Muchos votaron por correo o delegación, pues en la sala apenas había 180 personas, entre ellas algunos de los ejecutivos, como el director de Recursos Humanos, Álvaro Polo; el exdirector financiero, Jesús García Quílez (que sigue vinculado a la firma); el director de planificación, Juan Carlos Jiménez Lora; o la directora de Fundación Focus, Anabel Murillo.

Al finalizar la Junta hubo un encuentro afable entre los nuevos y los viejos consejeros. Aunque el momento no era precisamente festivo para algunos de los miembros de Inversión Corporativa, se acercaron a saludar a los representantes de los nuevos accionistas. Javier Targhetta (uno de los que se acaba de incorporar al consejo de Abengoa) se dirigió a ellos en términos elogiosos en uno de los corrillos que se crearon tras la junta. «Habéis forjado una gran compañía en todos estos años», llegó a decir el también presidente de Atlantic Copper. Pero el hombre del momento ya era Gonzalo Urquijo, que convocó seguidamente a su nuevo consejo de administración para empezar a ejercer como presidente ejecutivo. Su antecesor en el cargo, Antonio Fornieles, atendió durante un buen rato a un grupo de accionistas críticos que solicitaron más información sobre la operación de rescate. Poco después la sala de Juntas quedó desierta.

La nueva Abengoa, controlada al 95% por bancos y fondos de inversión, comenzaba su andadura tras un conclave que parecía un molesto trámite, en el que hubo resignación en los que se iban y respeto hacia el trabajo hecho entre los que llegaban. Atrás quedaba el rastro de la mayor empresa de capital andaluz de la historia contemporánea. A partir de ahora llega el turno de una nueva Abengoa obligada a resucitar tras año y medio de parálisis y en coma asistido.

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