Caso Nóos El juicio más grande jamás contado

El caso Nóos ha sido histórico tanto por la relevancia de los acusados como por todas las cifras que lo han envuelto

Iñaki Urdangarin llega a los juzgados de Palma ante la expectación de los fotógrafos - EFE

El juicio del caso Nóos pasará a la historia no sólo por la evidente relevancia de varios de los acusados, sino también por la magnitud de casi todas las cifras que lo envolvieron. Recordemos que este proceso es una pieza separada de las 28 de que consta el caso Palma Arena, causa genérica que, por si fuera poco, se divide además en diversas subpiezas adicionales. Seguramente, sólo la lista de los Reyes Godos era un poco más larga.

Por lo que respecta al sumario del caso Nóos, estaba compuesto por unos 77.000 folios, repartidos en más de 100 tomos. En número total de volúmenes, esta causa resistiría perfectamente la comparación con, por ejemplo, la mítica Enciclopedia Universal Ilustrada Espasa-Calpe, que tenía únicamente 70 tomos, o con la no menos reconocida Enciclopedia Británica, que se quedaba en apenas 32 inicialmente.

Tras seis años de instrucción, conducida por el juez José Castro y por el fiscal Pedro Horrach, el juicio empezó finalmente el 11 de enero del pasado año. El Ministerio de Justicia había destinado previamente un total de 327.000 euros para su organización. En principio, deberían haber sido 18 los encausados, pero pasaron a ser 17 después de que Manos Limpias hubiera decidido, en la primera jornada, retirar la acusación contra el antiguo asesor fiscal del Instituto Nóos, Miguel Tejeiro. Desconocemos si esa baja inesperada contribuyó o no a que pudiera reducirse en algo el citado presupuesto, por ejemplo en el consumo de electricidad o en el número total de botellines de agua consumidos en la sala.

La expectación mediática fue máxima al inicio del juicio y también en varios momentos de su desarrollo posterior. Cabe recordar que se habían acreditado nada menos que 590 profesionales de 84 medios de todo el mundo para poder seguir el proceso, si bien al final sólo una veintena de abnegados y sufridos periodistas siguieron —seguimos— todas las jornadas de la vista oral. En ese sentido, nunca estaremos lo suficientemente agradecidos a la existencia de ansiolíticos como el Orfidal o el Trankimazin.

Los amantes de los idiomas fueron, quizás, los únicos que disfrutaron con este juicio, ya que si bien la única lengua empleada fue, salvo en una ocasión, el castellano, se mostraron o se leyeron igualmente textos escritos en catalán, inglés o francés. Tal vez deberíamos de añadir aquí también el griego antiguo, ya que varias de las empresas puestas en marcha por Diego Torres e Iñaki Urdangarín tenían denominaciones en ese idioma, como ocurría con Nóos, Aizoon y Areté. Durante la vista se utilizó también puntualmente el latín por parte de algunos letrados. Por suerte, la mayor parte de informadores del juicio aún habíamos cursado en su momento el antiguo bachillerato de letras.

Uno de los momentos más recordados de la vista oral se vivió poco antes de su conclusión, cuando las acusaciones y las defensas expusieron sus alegatos finales. Entonces, fueron utilizadas citas de una docena de relevantes personalidades en sus respectivos campos, entre ellas Émile Zola, Richard Nixon, Marco Tulio Cicerón, Roberto Iniesta, Parménides, Antonio Machado, James Stewart, los hermanos Marx —juntos y por separado—, Joan Manuel Serrat, William Shakespeare o Albert Einstein. El más citado fue el gran político, orador y jurista romano Cicerón, admirado tanto por el fiscal Pedro Horrach como por la abogada Virginia López Negrete. Seguramente, eso fue lo único en lo que ambos coincidieron a lo largo de todo el juicio.

Tras algo más de cinco meses de declaraciones y comparecencias de acusados, testigos o peritos, el pasado 22 de junio la presidenta del tribunal, Samantha Romero, dio por terminada la vista. «Declaro concluso el presente juicio oral y visto para sentencia», fueron sus palabras. El fallo debería de haberse hecho público, en principio, a finales del pasado año, pero Romero solicitó una prórroga de tres meses, que le fue concedida, para poder seguir trabajando en exclusiva en la causa.

La esperada sentencia es una resolución larga, detallada y prolija, como no podía ser de otra forma tratándose —con permiso del caso de los ERE o de la trama Gürtel— de la causa más grande jamás contada.

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