Juan Fernández-Miranda - Análisis

La conjura de la España paciente

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El intenso apretón de manos entre Felipe González y Josep Borrell tras el besamanos tuvo múltiples significados. Amén de un «pelillos a la mar» sobre su enfrentamiento tras la caída del felipismo, lo cierto es que Borrell representa hoy a la perfección la posición del viejo PSOE ante el desafío independentista. La conjura de históricos socialistas para arropar al Rey en el día de la Fiesta Nacional es un mensaje a Pedro Sánchez y a quienes coquetean hoy con conceptos equidistantes y plurinacionales que no reflejan la España real. Le pregunté a Sánchez qué le parecía tanto histórico y su respuesta fue escueta: «Estupendo». También se le preguntó por Cataluña y el líder del PSOE no dudó en poner toda la carga de la prueba sobre Carles Puigdemont, sin equidistancias ni matices. Si mantiene esa línea, subirá en las encuestas a costa de un Pablo Iglesias que no quiere otra España, sino acabar con ésta. Es un antisistema.

Lo que ayer sucedió en el interior del Palacio Real fue la escenificación de la unidad alcanzada en el Congreso en el cuarto movimiento de la impecable sinfonía que España está dedicando a Puigdemont: el discurso del Rey, la salida de La Caixa, la manifestación de Barcelona y la unidad del bloque constitucional. Se admiten apuestas sobre cuál de estas respuestas ha sido más inesperada y más dañina para los secesionistas. El final de la sinfonía aún está por escribir, y aún habrá sobresaltos, pero el director de orquesta, Mariano Rajoy, ha conseguido reunir un magnífico apoyo institucional, político y social. Al Ejecutivo le toca ahora el jaque mate.

En el Palacio Real ayer se respiraba optimismo. El jefe del Estado, que no puede ser neutral ante el incumplimiento de la Ley, habría incumplido sus funciones si hubiera permanecido impasible al desafío secesionista. Y ayer, por los salones del Palacio Real transitaron la concordia, la lealtad y el orgullo. La concordia nacional, la lealtad institucional y el orgullo de ser español. También acudió a la cita el entusiasmo por formar parte de este gran país llamado España, un país plural e imperfecto, pero sin duda mucho mejor que la alternativa que el independentismo cimenta sobre el odio. Quién nos iba a decir que la principal virtud del pueblo español durante los últimos años iba a ser la paciencia. Cosas veredes.